Mujeres del Sur

18 de julio

UN DÍA PARA NO OLVIDAR Y EVITAR QUE VUELVA

Por Paula Gómez Rosado

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«Todos los días deberíamos dar gracias a Dios por habernos privado a la mayoría de las mujeres del don de la palabra, porque si lo tuviéramos, quién sabe si caeríamos en la vanidad de exhibirlo en las plazas. Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles. La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular -o disimular- no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse.»  Pilar Primo de Rivera.

El ejército sublevado

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Hoy es 18 de julio, una fecha que nos dice mucho y nada bueno. Ese día de 1936 se produce una rebelión militar encabezada por generales destinados en África que da lugar no sólo a los tres años de guerra civil entre las fuerzas del Gobierno republicano legítimo y las del grupo rebelado, sino la política del miedo y la barbarie del franquismo en aquellos lugares que iban conquistando, con asesinatos masivos, violaciones sistemáticas y humillaciones públicas a las mujeres cuyo único delito era ser esposa/madre/hija de un republicano. Y, después, una dictadura que borró derechos, mandó a las mujeres a casa y enriqueció a los leales a costa del empobrecimiento del resto.
Y con este resumen general, ahora me voy a centrar en lo que perdieron las mujeres con la dictadura del general Franco. Ya he adelantado la cita de P. Primo de Rivera, jefa de la Sección Femenina, que resume la idea de mujer que sustentó el régimen.
“En el caso de la mujer, el régimen franquista construyó su propio modelo entre la influencia tradicional y conservadora del catolicismo imperante, recuperado ahora como uno de los pilares de legitimación, y el discurso defendido por los fascismos frente a las transformaciones que, en sentido igualitario, comenzaba a reclamar el feminismo emergente de los años treinta”. (1)

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El general Franco

Se habla de la prohibición del divorcio o el aborto, de la falta de autonomía que impedía a las mujeres tener bienes o cuentas bancarias a título personal, de la exigencia de responsabilidades sin fin como cuidadora familiar. Es decir, una vida a disposición de la familia, a la sombra y al servicio del marido y sin vida propia.
Se las despoja de identidad (Señora de) de sexualidad y poder sobre sus cuerpos ( la violación en el matrimonio se justificaba por el “deber conyugal” de la mujer, se les exigía una forma de vestir o maquillarse en la que podía intervenir el padre o marido) incluso podían perder la vida a manos del marido que se justificaba con el eufemismo de “crimen pasional” y el concepto de “la maté porque era mía”.
Todo eso pesaba y mucho. Pero yo creo que hay que ir más allá para entender todo el daño que se hizo a las mujeres y que todavía sigue pesando en nuestra sociedad:

El discurso constante fácil y machacón sobre nuestras incapacidades y roles en razón de “nuestra naturaleza”.


Y para ello no se necesitó la fuerza, sino que se utilizó a dos instituciones que influyeron en hacer de las mujeres el modelo que el franquismo deseaba:
La Iglesia (único espacio donde podían ir libremente y el confesionario les servía de “consuelo espiritual” cuya única receta era “sumisión y resignación” para ganarse el cielo, cuando no se las culpaba de manera sutil hasta de la violencia del marido hacia ellas con frases como “no lo provoques, ten todo como a él le gusta, ya sabes como son los hombres y tienes que ganártelo”… Lo cual las abocaba a aguantar todo tipo de maltrato sin rechistar porque “era su deber”.
Los curas se encargaban, desde el púlpito, de hablar de la pureza de María y pedir recato porque “el cuerpo de las mujeres es motivo de pecado”. Además de los “castigos” que recibían las mujeres que se rebelaban contra el modelo impuesto (en la familia de origen, el marido o las instituciones) .

Hay toda una literatura que enseñaba a mujeres y jóvenes a ser “buenas cristianas” que era a la vez, ser “buenas patriotas”.
“Era frecuente que en los discursos realizados por las autoridades y la iglesia se echara la culpa de los males que había sufrido la España republicana, entre otros, al erotismo y libertinaje que afirmaban que se habían dado durante dicho periodo, por lo que no dudarán en reprimir sexualmente a la mujer, la cual además se deberá en convertir en “guardiana-represora del varón.
El objetivo final para la mujer era que diera hijos católicos para la patria y estos sólo podían darse si previamente contraía matrimonio a través de la iglesia católica, pues las relaciones sexuales solo se justificaban en el matrimonio y si sólo tenían como fin la procreación”
.(2)

Las mujeres tenían dos únicas misiones en consonancia con su “naturaleza” :
reproductoras y cuidadoras dentro de la familia y la Sección Femenina (organización de las mujeres de Falange que el gobierno asignó para la educación de las mujeres con pinceladas que podrían parecer atractivas como la clases de gimnasia). “Enseñaban a ser buenas esposas y perfectas amas de casa desde dos ámbitos importantes como era la Formación del Espíritu Nacional y Labores del hogar, asignaturas obligatorias en la Enseñanza Secundaria, a partir de once años».
A través de toda la vida, la misión de la mujer es servir. Cuando Dios hizo el primer hombre, pensó: “No es bueno que el hombre esté solo”. Y formó la mujer, para su ayuda y compañía, y para que sirviera de madre. La primera idea de Dios fue el ‘hombre’. Pensó en la mujer después, como un complemento necesario, esto es, como algo útil”. (Sección Femenina. Formación Político-Social, primer curso de Bachillerato, 1963) (3)

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Y a través del Servicio Social, unos cursos cuyo título era necesario si una se quería sacar el pasaporte o el permiso de conducir o determinados trabajos, que se hacía a partir de los 16/18 años, se les enseñaba a hacer una buena limpieza de la casa, a poner la mesa y preparar una buena comida, a cuidar a criaturas…
“Así, la Delegación Nacional de la SF constituyó uno de los instrumentos de control ideológico más importantes del régimen franquista y ejerció una influencia determinante en la formación ideológica y en la moral de las mujeres españolas y, por extensión, en el conjunto de la sociedad. Su rol de mujer se reafirmó en la dedicación a «sus valores», de acuerdo con los patrones ideológicos falangistas y católicos, aunque más con los segundos pues «nos encontramos ante una de las secciones de FETy de las JONS más imbuidas del tradicionalismo católico», y su finalidad, como institución reconocida, consistió en «preparar a la mujer para que otro día pueda ser madre de una familia católica, patriótica y modélica en todos los aspectos” (4)
Todavía queda mucho poso que limpiar de aquello de la mujer “ángel del hogar” que nos llena de cargas, de culpas, de exigencias y de violencias.

Paula Gómez Rosado es escritora, profesora jubilada y feminista. Sevillana, ha vivido muchos años en Peñaflor (Sevilla)

(1) Entre la flecha y el altar: el adoctrinamiento femenino del franquismo. Valladolid como modelo, 1939-1959 Cristina GÓMEZ CUESTA (Universidad Europea Miguel de Cervantes)
(2)El respaldo de la Iglesia en la represión de la mujer durante el franquismo. Alberto Maestre Fuentes www.camaracivica.com
(3) “La mujer según la sección femenina”
https://josepsocials.wordpress.com/wp-content/uploads/2012/09/seccion_femenina.pdf)
(4) La labor formativa desarrollada por la sección femenina de falange en la preparación de sus mandos e instructoras. J.C. Manrique Arribas, V.M. López Pastor, L. M. Torrego Egido, R. Mongas Aguado eUSAL Revistas Ediciones

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