
¿LA MASCULINIDAD EN CRISIS?
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Por Elena Barrera

En los últimos tiempos los medios de comunicación nos ofrecen casi a diario noticias relacionadas con el feminismo. A veces estas noticias generan debate y también en ocasiones solo se trasladan a conversaciones informales. Sin embargo queda latente una pregunta:
¿Cómo están viviendo algunos hombres los cambios sociales relacionados con el avance de las mujeres y de las políticas feministas?
Como ejemplo de la situación podemos fijarnos en la polémica reciente que se desató en Ibiza, en Sant Antoni de Portmany, y que se extendió a otros municipios de la isla. Una propuesta impulsada por una concejala de Unidas Podemos planteaba reorganizar los patios escolares para que el fútbol no ocupará el espacio central y así facilitar que todo el alumnado participara en distintos tipos de juego, además de introducir más zonas verdes y sombra como “refugios climáticos”. Muchos titulares resumieron aquello como un intento de “prohibir el fútbol”, aunque la moción hablaba de redistribuir espacios, no de vetar el deporte. En Sant Antoni fue rechazada, mientras que en Santa Eulària des Ríu se aprobó un texto similar enfocado en la transformación de patios, no en una prohibición expresa. Más allá del caso concreto, el revuelo fue enorme. Y ahí encaja bien la expresión que utiliza la escritora Carmen Posadas, que hablaba de “hombres perplejos” para describir ese desconcierto que sienten quienes perciben que las reglas han cambiado y no siempre saben cómo encajar en el nuevo escenario.
EL MOLDE MASCULINO

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Para entender lo que está pasando no basta con decir que “todo está cambiando”. Durante siglos, a los hombres se les enseñó muy bien cuál era su papel: ser fuertes, no dudar, traer el dinero a casa, aguantar sin quejarse y, sobre todo, no mostrar demasiadas emociones. Pedir ayuda se entendía casi como una derrota y de llorar ni hablamos. La socióloga R. W. Connell llamó a ese modelo“ masculinidad hegemónica”: el molde oficial de lo que debía ser un hombre. No era algo biológico ni inevitable, sino una especie de manual no escrito que se aprendía desde pequeño, en casa, en el colegio y en la calle.
Pero ese manual ya no se sigue al pie de la letra. Y ahí empieza el desconcierto. El sociólogo Michael Kimmel explica que parte del malestar que expresan algunos hombres no viene tanto de que vivan peor que antes, sino de que ya no ocupan automáticamente el centro de todo. Durante mucho tiempo, ese lugar estaba asegurado. Ahora toca compartirlo. Y compartir, cuando uno siempre ha estado arriba, puede generar inseguridad.
No siempre es rechazo a la igualdad; a veces es, simplemente, no saber muy bien cómo colocarse en el nuevo reparto.
En esa misma línea, el jurista Octavio Salazar recuerda que la masculinidad tradicional no es solo una cuestión íntima, sino una forma de organizar la sociedad. Se premiaba al competitivo, al autosuficiente, al que nunca se rompe. Mientras tanto, el cuidado, la ternura o la vulnerabilidad quedaban en segundo plano. Revisar ese modelo no significa señalar con el dedo a los hombres, sino preguntarnos si ese esquema tan rígido también les ha pasado factura.
Hoy muchos hombres viven una especie de choque interno. Crecieron escuchando que un hombre de verdad no muestra debilidad, pero ahora se les pide que hablen de lo que sienten, que se impliquen en casa, que cuiden, que compartan. No es un cambio pequeño. Es tocar algo muy profundo: la identidad. La forma en que uno se mira al espejo y se reconoce.

Y en medio de todo esto aparece internet. En redes sociales y plataformas de vídeo han crecido espacios conocidos como la “manosfera”, donde se repite la idea de que los hombres son ahora las víctimas de un sistema que favorece a las mujeres. Son mensajes simples, directos, a veces enfadados, que ofrecen respuestas fáciles a problemas complejos. Para muchos jóvenes, pueden resultar atractivos porque dan certezas en un momento de dudas. La encuesta de la Fundación Juventud y Género que traemos también a estas páginas de Mujeres del Sur, lo deja muy claro. Desciende el sentir feminista entre la juventud a pesar de que tanto las chicas como los chicos son conscientes de que la desigualdad existe, pero además, ellos, en un porcentaje importante, creen que el feminismo les perjudica.
En este panorama hay que destacar las nuevas iniciativas que aluden a masculinidades diversas, más abiertas, más corresponsables, que no enfrentan a hombres y mujeres, sino que buscan relaciones más sanas y equilibradas. Ciertamente el viejo modelo de masculinidad está en revisión y ahora toca redefinirlo. Y eso se hace con más sentimientos, más responsabilidades compartidas y, en definitiva, con más igualdad.
Elena Barrera Alonso es graduada en Trabajo Social y cursa máster de Género en la UPO
8-M 2025 en Mujeres del Sur:
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