Mujeres del Sur

MUCHO QUE DECIR

UNA PREOCUPACIÓN SERIA

Por Cristina Martínez

La educación, la vivienda y la sanidad son los tres pilares sobre los que se asienta la sociedad del bienestar. Lógico es que nuestros desvelos giren en torno a ellos y motivos tenemos para preocuparnos, porque, lejos de mejorar, esos tres pilares llevan muchos años degradándose y sobre la cuerda floja. Los innumerables cambios en el sistema educativo no han logrado su objetivo de ofrecer mejores perspectivas a nuestros jóvenes. Cuando terminan sus estudios o la preparación que han elegido y se incorporan al mercado de trabajo no pueden conseguir una vivienda digna y propia como lo lograron sus padres. En cuanto a nuestra sanidad estamos asistiendo con desolación e impotencia a su deterioro, pese a que sigue constituyendo todavía un modelo envidiable para el resto del mundo. A esas tres preocupaciones se une una nueva que pasa desapercibida hasta que, como ocurre en estos momentos, surgen los conflictos.

El mundo occidental -presumen algunos islamistas con arrogancia- está siendo conquistado.

Este plan no es algo nuevo. Lleva entre cincuenta y sesenta años en marcha sin que los ingenuos occidentales nos hayamos percatado. Los gobiernos progresistas de los distintos países occidentales tendieron su mano a aquellos que, se suponía, buscaban tan solo un futuro mejor para su progenie. El viejo occidente necesitaba savia nueva y esos jóvenes emigrantes se la proporcionaban. Lo que no sospecharon ni previeron, motivados por ideales en los que la compasión y la solidaridad predominó sobre el espíritu crítico y el análisis, es que esa oleada de inmigrantes traería consigo la intolerancia y el radicalismo. En la actualidad, los islamistas ya tienen peso suficiente para no tener que ocultarse y manifiestan sin ambages sus auténticas intenciones. La finalidad de esa inmigración masiva y muy prolífica no es la de asimilarse a los países que les acogen sino la de implantar en ellos su religión y su cultura.

Para el islamismo, la democracia es tan solo un ideal abstracto, no entra en su concepción del mundo. En muchos países occidentales el tribunal de la Sharía empieza a sustituir a los tribunales de justicia del país. Por la calle, ya vemos a mujeres con burka, con niqab y en muchos más casos con hijab. Y, en la mayor parte de los países de acogida, se producen enfrentamientos serios, porque aunque la religión debería ser una práctica íntima, el islamismo radical es muy proselitista, muy combativo y ostensible y pretende imponerse sobre la cultura de base de la sociedad “conquistada”.
Ante esta realidad, nosotras, las mujeres, tenemos todo que perder. Si seguimos mirando de lado o considerando que tenemos que respetar a quienes no nos respetan algún día, tal vez, no podremos dar un paso atrás. Será el final de todos los avances que las mujeres hemos conseguido hasta ahora. Temo que el islamismo pueda reducirnos a una situación mucho peor de la que ya teníamos antes de adquirir los más elementales derechos.

Cristina Martínez Martín es escritora, profesora jubilada, empresaria y feminista.