Mujeres del Sur

NOELIA,

NO SOPORTÓ LA INCAPACIDAD DE UN SISTEMA MACHISTA Y ATROZ

.

Ya está. Noelia Castillo ha cumplido con su deseo de morir dignamente y de forma breve. No podía más con sus dolores ni con todo lo que le atormentaba en la cabeza «de lo que he vivido», dijo en su última entrevista para la televisión. Por fin descansa, como deseaba, tras una vida dolorosa a la que hubo que añadir un largo periplo judicial que le impuso su propio padre, contrario a su eutanasia. Noelia quiso estar sola los últimos 15 minutos de su vida, justo los que dura el tratamiento que se le facilitó en el Hospital Residencia Sant Camil de Sant Pere de Ribes (Barcelona), porque «no quiero que me vean cerrando los ojos». Sola, como sola se ha debido de sentir la mayor parte de sus escasos 25 años de vida cuando no se le tendió la mano que necesitaba.

La Ley de la eutanasia, aprobada hace cinco años estaba pensada, al menos eso creíamos, para aquellos casos de enfermedad irreversible, terminal, sin solución médica, para personas con dolores imposibles de paliar pero nadie intuyó de su texto que pudiera incluir casos, como el de Noelia, con un importante componente psicológico.

Noelia Castillo

La eutanasia que ha demandado Noelia para poner fin a sus días se asemeja más a un suicidio inducido y perpetrado por el Estado, puesto que ella no consiguió por sus propios medios llevarlo a cabo. La joven catalana, nacida en el seno de una familia modesta, muy pronto se vio abocada al refugio de los servicios sociales para menores vulnerables en los que comprobaría las incoherencias de un sistema que en lugar de ampararla la empujó sin compasión a la más terrible de las violencias que pueden sufrir niñas y mujeres: las agresiones sexuales acompañadas de violación múltiple. Como consecuencia de ese maltrato familiar, institucional y machista, la mente de Noelia se turbó hasta los peores límites y encontró el vacío que la llevó a precipitarse de un quinto piso quedando parapléjica del 74% de su cuerpo. A partir de ahí el dolor se hizo insufrible y la necesidad de acabar con su vida, imperiosa. Además, durante los dos últimos años tuvo que luchar legalmente contra su padre quien, ayudado por un bufete de abogados cristianos, intentó por todos los medios impedirle la eutanasia. Finalmente, hace apenas una semana, el máximo tribunal de la Unión Europea le dio la razón a la chica. Podría morir dignamente ya que nadie le permitió una vida digna… y que cada palo aguante su vela.

¿Hubiera pedido Noelia la eutanasia si las instituciones sociales hubiesen ayudado a sus padres a salir de la difícil situación de quiebra económica y rotura familiar a la que llegaron? ¿Se habría intentado suicidar la joven de no haber tenido que vivir en los centros de acogida en los que se topó con la violencia sexual de frente? Y aún parapléjica, ¿tan imposible era haberle proporcionado la ayuda psíquica y física que necesitaba para que, de alguna forma, encontrara cierta esperanza en la vida a la que agarrarse, igual que lo han conseguido miles de personas en un estado similar? Demasiado tarde para las respuestas.

Noelia Castillo

Quince minutos y una dosis letal de propofol han sido la única alternativa que, finalmente, y aduciendo que ella lo pidió, le han ofrecido nuestras leyes, nuestras instituciones, nuestro sistema tan occidental y moderno a la joven cuya desesperación ha centrado la inmensa mayoría de las conversaciones de este país en las últimas horas. Una terapia terminal para una vida destrozada que no pidió el penoso trato de su familia ni los años de fallida acogida institucional, ni muchos menos ser agredida y violada. Ella no fue culpable de la espinosa trama que rodeó su vida, tampoco de su dolor y mucho menos del trastorno psicológico que la ha acompañado los últimos años. Es obsceno hablar de una muerte digna cuando no se es capaz de proporcionar una vida digna, por mucho que sean dignas en sí mismas todas las vidas.

«UN CRIMEN MACHISTA»

Carmen Jiménez

A Mujeres del Sur han estado llegado numerosos comentarios y reflexiones sobre la situación de Noelia y su decisión irremediable de irse de este mundo después de una vida quebrada por una familia rota, unas instituciones incapaces y un machismo feroz. Carmen Jiménez, colaboradoras y fundadora de esta revista, ha sabido resumir en muy pocas líneas, las de un tuit, el sentir y la indignación especialmente de las mujeres feministas ante este fracaso colectivo que ha supuesto la eutanasia de Noelia:

«El de Noelia es un crimen machista. La inducción al suicidio es asesinato y ella fue empujada a un salto al vacío que le provocó secuelas irreversibles y un sufrimiento indecible, por las múltiples violaciones que sufrió. ¡Qué no haya paz para estos terroristas»

Desde que se aprobó la Ley de Eutanasia en junio de 2021, unas 1.600 personas han decidido acogerse a ella, generalmente por enfermedad grave e incurable, o padecimiento crónico e imposibilitante. Quien la solicita debe tener capacidad de decisión plena y someterse a una comisión de evaluación especializada. El proceso habla de «sufrimiento intolerable» e ignora el factor familiar de quien se quiere acoger a ella. Según el Comité de Evaluación, todo se ha cumplido en la persona de esta chica para que le llegue la muerte que pide, después de haber sufrido lo indecible en su corta vida. Y encima su caso parece que también ha servido de experimento a la hora de evaluar legalmente la influencia del trastorno psíquico a la hora de aplicar la norma pues está escasamente matizado en la Ley. Según los datos del Ministerio de Sanidad, aproximadamente el 6% de las personas que solicitan la eutanasia revocan su decisión. Noelia no.

Mujeres del Sur