MIEMBRO FANTASMA

Por María Jesús Correa

El síndrome de miembro fantasma es la percepción de sensaciones en un miembro amputado, sintiendo que todavía está conectado al cuerpo y que funciona con el resto de éste. La explicación más posible es que el cerebro sigue teniendo un área dedicada al miembro amputado por lo que el paciente sigue sintiéndolo.
Me ocurre esto de la presencia fantasma con el móvil. Cuando no lo llevo conmigo me parece oírlo, creo sentirlo vibrar, incluso lo busco en mis bolsillos. Se ve que mi cerebro no acaba de creerse que este compañero inmisericorde puede no estar, rebajando mi nivel de alerta permanente.

También ocurre cuando el miembro fantasma es la persona que ha convivido contigo. Aunque lo hayas amputado de tu vida, sigues haciendo las cosas como le gustaban, continuas necesitando cierto nivel de aprobación, ahora que nadie controla tus
movimientos. Su aliento sigue caliente en tu nuca. Te parece escuchar las llaves que abren la puerta de tu hogar, ahora que dejó de ser un campo de minas. Reservas parte de tu tiempo por si el miembro fantasma tiene planes, o dejas hueco en la cómoda, ahora que su ropa habita en otro lugar.
Su voz resuena sin hablar. Tanto tiempo deseando que sus gritos no atravesaran tus tímpanos y, ahora que no está, no cesa, como un eco venido de otro tiempo. Y compras la comida que le gustaba, y ves sus canales preferidos, sabes qué bebería si estuviera y acatas el mandato que no da, siguiendo unos pasos invisibles, como las huellas hundidas en la arena de un caminante que cambió de rumbo.

Es la indefensión aprendida que se impone, provocando que continúes sometida ante la creencia de que nada puede cambiar, da igual lo que hicieras o dónde te pusieras, nada lograba desviar la trayectoria del dolor. Por eso, ahora que no está, su presencia sigue pesando como una losa, igual que el grito o el silencio que se imponían como lápidas antiguas. Este cerebro, al que le cuesta creer que todo acabó, sigue reservando un área al miembro amputado, simulando su voz tosca, plagiando el roce feroz de sus manos, ocupando un lugar que no le corresponde.
Porque no puedes defenderte de una sombra, toca espantar el humo que recuerda a su devastación, aprender la felicidad, la alegría, la fiesta del hueco que dejó, donde ahora se acomodan tu libertad y, por fin, su ausencia.
M.ª JESÚS CORREA es abogada y feminista.
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