Mujeres del Sur

¿QUÉ LEER?

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«ALGUIEN ME QUIERE ASESINAR Y CREO QUE ES MI MARIDO»

De Joanna Russ

.- Ediciones SIruela (2026), prólogo de Layla Martínez. Traducido por Virginia Maza Castán.

Por Luz García Delgado

Hace algunos años leí de Johana Russ un magnífico ensayo “Cómo acabar con la escritura de las mujeres”. Ella misma explica que esta obra, de carácter divulgativo, tenía que ser por fuerza incompleta y, a veces, inconexa, porque desenmascarar las mil y una formas de acabar con la escritura de las mujeres es un proyecto titánico. Se adscribe a la frase de G.K. Chesterton, para disculpar los fallos, y que ya he hecho mía: “Cualquier cosa que merezca la pena hacerse, merece la pena hacerse mal”. Y ese libro removió mi conciencia feminista, me abrió tantas ganas de leer a mujeres que, desde entonces, con poquísimas excepciones, solo leo escritoras.

Joanna Russ

Joanna Russ nació en el Bronx de Nueva York en el año 1937 y murió en 2011. Fue académica, feminista y escritora de ciencia ficción y fantasía en sus principios y más adelante de crítica literaria y teoría feminista.
Cuando este invierno vi “En la casa Tomada” este librito de 10,5 X 15 cm, de apenas 128 páginas, con ese título tan desenfadado como explícito lo compré sin dudar. El prólogo de Layla Martínez ocupa 74 de esas páginas frente a las 54 del ensayo de Joanna Russ.

Layla Martínez

El texto de Russ analiza el éxito de un renovado estilo gótico en novelas escritas por mujeres que se inicia en la década de los 60 del siglo pasado, y que la escritora desmenuza con inteligencia en esta obra de 1973. Y en el prólogo, Layla Martinez, siguiendo el esquema de Russ, señala la supervivencia del género en la actualidad.
La educación emocional de muchas mujeres se fragua con esa literatura que además se lleva a las pantallas. Y me he escandalizado de mí misma al ver las enormes tragaderas que he tenido en relación a comportamientos violentos y machistas del cine que nutrió mi infancia y juventud y mi edad madura.

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El modelo por antonomasia de este tipo de literatura es “Rebeca” de Daphne du Maurier. Pero tampoco se salvan los antecedentes del XIX, como la “Jane Eyre” de Charlotte Brönte, por poner un ejemplo. Los elementos que configuran estas novelas suelen ser siempre los mismos: una joven inocente, aterrada y pasiva, una mansión, un supervarón (que está libre de culpa aunque parezca lo contrario) o un varón sombrío, amable y responsable que quiere casarse con la joven inocente. Además de la heroína buena habrá otra mujer, un personaje secundario, que puede estar presente o bien es la sombra, perdida o muerta, como ocurre en «Rebeca». Esa otra mujer, antagónica de la joven, es bella, elegante y sofisticada, pero infiel o pérfida, o ambas cosas. En Rebeca la joven siente la presión de no estar a la altura de la anterior esposa y teme decepcionar a su marido. ¿Cómo resuelve la autora este conflicto? Nada menos que el marido le confiesa que mató a su esposa en un rapto de ira por sus engaños. La protagonista, lejos de rechazar al hombre por su crimen, ve resuelto su problema de inseguridad y su sentimiento de inferioridad, se siente más unida a él que nunca y juntos se van a comenzar una nueva vida:

¿En serio me he tragado esa basura?

Tuve que hacer un esfuerzo para recordar que el señor de Winter (Laurence Olivier) había matado a su primera esposa porque, de alguna, forma yo misma había borrado esa imagen, a mayor gloria de ¿un final feliz?.


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No fue la única ni la última película del neogótico, hay una larga lista, basadas en novelas, que durante la Segunda Guerra Mundial, y después, colocaron a las mujeres en el sitio que la sociedad conservadora quería: en casa, sumisas, inocentes y pasivas. A «Rebeca» le siguieron «Sospecha» (1941), «La sombra de una duda» (1945), «Luz que agoniza» o «Luz de gas» (1944), «Alma rebelde» (1944), el «Castillo de Dragonwyck» (1945), «Encadenados» (1946), «La escalera de caracol» (1946), «Voces de muerte» (1948) y «Pacto Tenebroso! (1948).

Layla Martínez a propósito de “Luz que agoniza” sostiene que “lo más terrorífico de una casa es en realidad su marido”. Y analiza con agudeza que la casa, en el imaginario colectivo es representada como un lugar de relajación, solaz y refugio, y en realidad es, un espacio de explotación, abuso psicológico y sexual, maltrato y tortura para demasiadas mujeres.
Joanna Russ, en su análisis del gótico en las novelas de los sesenta, afirma que el gótico moderno es extremadamente conservador. Esa ficción es un reflejo exacto de la mística de la feminidad, la heroína debe ser pasiva e incompetente, el sufrimiento de esta es la acción principal de la historia, porque se ha determinado que esa es la única acción que puede llevar a cabo.

Un modelo excelente para conseguir que las mujeres de clase media que tenían acceso a este tipo de literatura consientan el maltrato.

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La cuestión es que ese tipo de gótico sigue funcionando en las novelas actuales de más éxito. En su estupendo prólogo Layla Martínez actualiza la situación, proponiendo el ejemplo de “La asistenta” de Frieda McFadden, con más de 15 millones de ejemplares vendidos, que también se ha llevado a la pantalla. La protagonista representa a la muchacha tímida que llega a la mansión aislada. Hay una esposa anterior que ha muerto como castigo por su independencia y atractivo erótico. Y dos hombres, el bueno y amable que en realidad es malo, y el que ha sido su pareja, que la ha vigilado y acosado, pero que al final la salva y se va con ella.

¡Pues qué bien! después de más de 80 años estamos en las mismas, el amor de verdad te acosa y te vigila.

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No es el único ejemplo de éxito de este tipo de gótico que además son superventas: «Mi marido» de Maud Ventura (2021), «Perdida», de Gillian Flynn (2012), «La chica del tren» de Paula Hawkins (2015), «La mujer en la ventana» de A.J. (2018) y muchas otras que aún no se han traducido a nuestra lengua.
Pero la influencia del feminismo ha ido enmascarando el mismo mensaje en la nueva hornada del gótico, claro que es un feminismo limitado que se centra en la igualdad de derechos que tiene como destino a mujeres blancas de clase media, ignorando al resto. Probablemente las nuevas protagonistas trabajan fuera de casa pero asumen las tareas reproductivas y de cuidados domésticos, eliminando la parte más ardua de estas tareas que sustituyen por la decoración o la jardinería, como hemos visto en la muy exitosa «Big Littles Lies». Ficciones que le dicen a las mujeres que ocuparse del hogar es agradable.
Habría que analizar muchas más cosas de esta obra que no desperdicia ni una línea, pero la reseña me ha salido ya muy larga.

Luz García Delgado es profesora jubilada e investigadora.

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