CUANDO LA MEMORIA DUELE EN EL PRESENTE
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«No se puede dignificar a las víctimas del pasado mientras se ignoran situaciones de sufrimiento en el presente. No se puede hablar de justicia social en abstracto y, al mismo tiempo, mirar hacia otro lado cuando esa justicia se pone en cuestión en lo concreto. Por eso, cuando se afirma que “recordar es un acto político”, quizá habría que añadir algo más: ¿Qué significa realmente defender a las personas trabajadoras? ¿Qué valor tiene la memoria si no se aplica también al presente?«
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Por Rosa María López
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El pasado 1 de mayo de 2025 publiqué en esta misma revista un artículo titulado “El testimonio de una trabajadora”. En él no hablaba de teorías ni de frases hechas, sino de algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil: la dignidad en el trabajo. Este año tenía previsto publicar un nuevo artículo en torno al 1º de mayo, Día Internacional del Trabajo. Sin embargo, decidí posponerlo hasta después del 17 de mayo, fecha de las elecciones en Andalucía, para evitar interpretaciones partidistas. Porque esto no trata de estrategia electoral. Trata de coherencia.
Precisamente por esa coherencia, participé además en la campaña electoral para contribuir con el PSOE en Andalucía, tal y como me dictaban mis convicciones y mi sentimiento socialista, pese al dolor personal que esta situación sigue provocándome a día de hoy. Lo hice porque continúo creyendo en los valores que históricamente han dado sentido al socialismo. Pero precisamente por eso también creo que el partido debe reflexionar.
Los resultados electorales en Andalucía deberían servir no solo para analizar estrategias o discursos, sino también para preguntarse qué dinámicas internas, qué formas de ejercer la responsabilidad y qué comportamientos dentro de determinadas estructuras pueden acabar alejando a quienes han creído honestamente en este proyecto político.
Lo que aquí planteo pertenece al terreno de los principios.
Un año después, aquel testimonio sigue plenamente vigente. Y no solo por una vivencia personal, sino por hechos objetivos: resoluciones judiciales, informes médicos y una realidad que ha dejado de ser privada para convertirse también en una cuestión pública.
Hace unos días, el concejal del PSOE en el Ayuntamiento, Juan Tomás Aragón Jiménez, escribió en redes sociales: “Recordar es un acto político”. Añadía además que la memoria dignifica a las víctimas y que no debe detenerse.

Tiene razón. Pero quizá haya que añadir algo más. Porque recordar no es solo mirar al pasado. También es mirarse por dentro. Y ahí es donde la memoria puede resultar incómoda.
En este caso concreto , los hechos que sucedieron no se sostienen únicamente en interpretaciones personales. Existen resoluciones judiciales que acreditan el deterioro de la salud. Existen informes del sistema público de salud que vinculan ese deterioro a un contexto laboral concreto. Y existe entre otras cosas una denuncia formal presentada ante el Comité de Ética y Garantías del PSOE, para que los hechos que se denuncian, sean analizados desde una perspectiva ética e institucional.
DAÑO MORAL
No hablo desde la opinión. Hablo desde hechos acreditados. Durante años desempeñé mi trabajo con compromiso. Lo hice creyendo en los valores que históricamente han defendido las organizaciones progresistas. Por eso el daño no es solo laboral o de salud. Es también moral.
Porque cuando una trabajadora ve deteriorarse su salud en un contexto laboral que después es reconocido judicialmente; cuando es cesada mientras se encuentra de baja médica; y cuando todo ello ocurre dentro de estructuras que se reivindican defensoras de los derechos laborales, la pregunta deja de ser individual y se convierte en una cuestión colectiva.
¿Qué significa realmente defender a las personas trabajadoras?
¿Qué valor tiene la memoria si no se aplica también al presente?
El 1º de mayo no debería ser solo una fecha simbólica. Debería representar un compromiso real con las condiciones de vida y de trabajo de las personas. La memoria no puede ser selectiva.

Monumento de homenaje a las víctimas sevillanas de los campos de concentración nazis.
No se puede dignificar a las víctimas del pasado mientras se ignoran situaciones de sufrimiento en el presente. No se puede hablar de justicia social en abstracto y, al mismo tiempo, mirar hacia otro lado cuando esa justicia se pone en cuestión en lo concreto. Por eso, cuando se afirma que “recordar es un acto político”, quizá habría que añadir algo más:
Recordar también es asumir responsabilidades. También es revisar prácticas.
También es garantizar que los valores que se proclaman en los discursos se sostienen en las decisiones.
NECESIDAD DE COHERENCIA
Mi denuncia no nace del resentimiento. Nace de la necesidad de coherencia. De la convicción de que una organización que se reconoce heredera de la lucha por los derechos laborales debe ser capaz de mirarse a sí misma con honestidad cuando esos derechos se ven comprometidos en su propio entorno.
Y de que la memoria —si quiere ser digna— no puede quedarse en los monumentos o en los discursos vacíos. Porque, al final, la verdadera disyuntiva no es solo entre memoria y desmemoria. Es entre coherencia y contradicción. Entre el relato y la realidad. Entre recordar… o realmente aprender de aquello que se recuerda.

Por todo ello, cada 1º de mayo volveré a recordar públicamente lo sucedido. No lo haré desde el rencor, Lo haré porque olvidar también sería aceptar que determinadas vulneraciones pueden quedar silenciadas.
Y lo haré dirigiéndome igualmente a quienes tuvieron responsabilidades políticas e institucionales en ese momento, entre los que están Juan Tomás Aragón Jiménez y Antonio Muñoz Martínez.
Rosa María López es militante socialista
Rosa Mª López en Mujeres del Sur:
https://https://mujeresdelsur.es/1o-de-mayo-2/