Mujeres del Sur

Violencia machista/violencia masculina

CONMOCIÓN EN FLEURANCE Y EN SEVILLA TRAS LOS ASESINATOS DE LA NIÑA LYHANNA Y DE LA JOVEN ÁNGELA

.-El asesinato de Lyhanna, una niña de 11 años, en Fleurance (suroeste de Francia) por un pederasta en libertad, pone en cuestión la revisión de denuncias contra menores y reabre el debate sobre condenas a violadores.

.-En Gerena (Sevilla), el asesinato de Ángela, de 20 años, apuñalada por su padre, plantea los equívocos en la protección familiar, la salud mental y la reacción social .

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En apenas unas semanas, dos casos han conmocionado a Francia y España. En Fleurance, localidad de la comarca de Gers (suroeste francés), el asesinato de la niña Lyhanna, de 11 años, hallada muerta el 4 de junio ha destapado una cadena de errores judiciales que apuntan a la permanencia en libertad de un hombre denunciado previamente por agresiones sexuales a menores. En Sevilla, dos semanas después, el 19 de junio, una joven de 20 años era asesinada presuntamente por su padre, que a continuación se suicidó. Son hechos distintos, con contextos diferentes y todavía con muchas preguntas abiertas. Sin embargo, ambos comparten la misma tragedia: dos vidas jóvenes sesgadas por la violencia masculina y en el primero de los casos, también machista.

Flores para Lyhanna en Fleurence (Francia)

El asesinato de Lyhanna se encuentra en el ámbito de la violencia sexual contra la infancia y ha abierto un debate sobre la responsabilidad de las instituciones cuando fallan los mecanismos de protección. El caso de Gerena apunta, por ahora, a una tragedia familiar cuyas circunstancias aún se investigan. De momento, la información disponible apunta más a una tragedia familiar asociada a un deterioro psicológico del padre que a un caso con antecedentes conocidos. Hasta que la Guardia Civil cierre las diligencias, muchas de las cuestiones seguirán sin respuesta. Pero precisamente porque son diferentes, resulta significativo que ambos casos vuelvan a situar en su centro una realidad inquietante: la vulnerabilidad de niñas y mujeres jóvenes frente a la violencia de los hombres

En su cuenta de X, nuestra compañera Carmen Jiménez escribía el mismo día del asesinato de Ángela en Gerena que volvíamos a estar ante un caso más de terrorismo contra las mujeres y las niñas:

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El feminismo lleva décadas señalando que la violencia contra las mujeres y las niñas no puede entenderse como una suma de sucesos aislados. Cada caso tiene sus particularidades, pero todos se producen en una sociedad donde las relaciones de poder, la autoridad masculina y la normalización de determinadas conductas siguen teniendo consecuencias trágicas para las mujeres y un denominador común: quienes ejercen la violencia más grave contra niñas y mujeres son hombres.

FRANCIA ESTALLA

En Francia, la cólera social se dirige también contra el Estado. Lyhanna Rameau desapareció a finales de mayo de 2026 en la región de Occitania y su cuerpo fue hallado 6 días después en un silo de grano de la zona. También habría sido violada según la autopsia. El principal sospechoso es Jérôme Barella, de 41 años, que fue detenido y posteriormente vinculado al caso mediante pruebas forenses, incluido ADN. Barella ya había sido denunciado por presuntos delitos sexuales contra menores en agosto de 2025, acusado de la presunta violación reiterada de otra niña de 11 años. Según los informes preliminares, pese a existir elementos considerados graves por los investigadores, el sospechoso ni siquiera fue interrogado durante meses.

Concentración por el asesinato de la niña Lyhanna en Francia (GEOFFROY VAN DER HASSELT / AFP)

¿POR QUÉ NO SE ACTUÓ ANTES?

Existían por tanto denuncias previas y señales de alarma. Cuando la justicia llega tarde, el daño ya es irreparable pero nadie ha asumido responsabilidades, no ha habido dimisiones, solo buenas intenciones y promesas de cambios legales para que no vuelvan a producirse fallos ni retrasos prolongados en la tramitación de los casos denunciados. El enojo social manifestado en la calle denota la mala o nula coordinación entre fiscalías, jueces y fuerzas policiales; comunicaciones oficiales internas mal gestionadas; falta de evaluación urgente del riesgo que representan los sospechosos para otros menores y la sobrecarga de trabajo en algunas oficinas judiciales y policiales. Ahora, el Gobierno francés ha ordenado revisar miles de denuncias de pederastia entre las 70.000 que se han presentado sobre abusos a menores en el país, y plantea la cadena perpetua para violadores en serie.

En España, el caso de Gerena nos recuerda otra realidad a revisar, la de los espacios considerados más seguros —la familia, el hogar— porque pueden convertirse en escenarios de violencia letal para menores y jóvenes, además de los más habituales marcos donde se perpetra el terrorismo machista. Aunque las autoridades no hayan calificado el caso sevillano como de violencia vicaria y aún se desconozcan muchos detalles, la muerte de una hija a manos de su padre obliga a reflexionar sobre las formas de violencia machista y familiar que permanecen invisibles hasta que desembocan en una tragedia.

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Quizá la principal lección que dejan ambos sucesos es que la protección de niñas y jóvenes no puede depender de la suerte, de que una denuncia avance a tiempo o de que los problemas permanezcan ocultos tras las puertas de una casa. Cada vez que una niña o una joven es asesinada, la sociedad entera debería preguntarse no solo quién empuñó el arma o cometió el crimen, sino qué mecanismos fallaron antes para impedirlo. Porque detrás de cada nombre, de Lyhanna y de Ángela, hay vidas truncadas demasiado pronto. Y porque demasiadas veces, casi siempre, en la mayoría de los casos, aunque los contextos sean distintos las víctimas siguen siendo ellas y, los agresores, ellos.

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