Mujeres del Sur

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«LA LARGA MARCHA DE LAS MUJERES CHINAS»

De María José Palma Borrego

«La larga marcha de las mujeres chinas» (El Garaje Ediciones, 2025), es el último ensayo de María José Palma Borrego, doctora en Literatura Francesa por la Universidad de Sevilla y formada en Psicoanálisis y Literatura Femenina en la Universidad de París 7. Su trayectoria está estrechamente vinculada al feminismo, en cuyos movimientos participó durante la Transición española. Esta experiencia, unida a su prolongado interés por la cultura y la historia de China, constituye el trasfondo desde el que aborda una obra que reconstruye el largo, complejo e inacabado proceso de emancipación de las mujeres chinas desde la sociedad tradicional hasta nuestros días.

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Por Jesús Solís Ruiz

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El título del libro constituye un guiño a la célebre Larga Marcha de Mao Zedong, aunque aquí la expresión alude a la larga marcha emprendida por las mujeres chinas hacia su liberación, desde la sociedad feudal moldeada por las enseñanzas de Confucio hasta la actualidad.
El interés de la autora por China se remonta a la década de 1980, cuando estudiaba psicoanálisis en la Universidad de París. La proximidad al departamento de estudios chinos despertó su curiosidad por una cultura que terminaría fascinándola, especialmente por la escritura y la caligrafía chinas, cuya belleza considera comparable a una pintura expresada mediante la escritura.

Caligrafía china. 758 d.C. Dinastía Tang (618-907). National Palace Museum. Taipei.

Consciente de la dificultad de sintetizar la historia de las mujeres en un país de la complejidad de China, Palma Borrego selecciona una serie de hitos que permiten construir un relato accesible para el público español. La autora parte de una idea fundamental: no es posible comprender la posición de las mujeres en China sin tener en cuenta la influencia de Confucio. Durante más de dos mil años, el confucianismo organizó la vida social china y consolidó una estructura patriarcal en la que las mujeres quedaron subordinadas a la autoridad masculina y familiar.

Retrato tradicional de Confucio (551-479 a. C.), pintura de época Ming (1368-1644). National Palace Museum, Taipei.

El matrimonio era obligatorio y decidido por sus mayores. La mujer pasaba de estar sometida a la autoridad de sus padres a depender de su suegra y de su marido, para terminar bajo la autoridad de sus hijos varones. El único momento en el que podía alcanzar una cierta cuota de poder era cuando ella misma se convertía en suegra.
Una de las manifestaciones más extremas de esta subordinación fue la práctica del vendaje de los pies de las niñas, los llamados «pies de loto», convertidos en símbolo de belleza, pero también de sufrimiento y sometimiento.

Zapatos para mujeres con pies vendados. Datación: Dinastía Qing (1644-1912). Victoria and Albert Museum.

A partir de mediados del siglo XIX comenzó una lenta transformación. La presencia de mujeres occidentales y la labor educativa desarrollada por misioneros y misioneras permitieron cuestionar algunos de los principios tradicionales que limitaban la autonomía femenina. En este contexto, Palma Borrego destaca la rebelión Taiping (1850-1864) como uno de los hitos fundamentales en la lucha por la emancipación de las mujeres, con un origen esencialmente rural, a diferencia de los movimientos occidentales, de carácter predominantemente urbano.

Fu Shanxiang, la primera mujer en superar los exámenes imperiales organizados por el Reino Celestial Taiping y ocupar un cargo administrativo.

Este movimiento prohibió el vendaje de los pies, reconoció ciertos derechos a las mujeres y les permitió participar en la vida pública, aunque no estuvo exento de contradicciones y sufrimientos. Así, muchas mujeres experimentaron una doble violencia: primero por el vendaje impuesto por sus familias y después por la obligación de retirarlo para incorporarse al trabajo productivo con los pies deformados, lo que les causaba un gran sufrimiento.
Tras la derrota de la rebelión Taiping, la dinastía Qing logró mantenerse durante algunas décadas más, hasta que la Revolución Xinhai de 1911 puso fin al régimen imperial y dio paso a la proclamación de la República de China en 1912, considerada habitualmente una revolución burguesa que abrió el camino a la modernización política del país.

Sun Yat-sen durante su toma de posesión como presidente provisional de la República de China, Nankín, 1912. Fotografía anónima. Chinese History for Teachers, University of California.

Las décadas posteriores estuvieron marcadas por la fragmentación política y la pugna entre nacionalistas y comunistas. Mientras algunos territorios controlados por estos últimos reconocían derechos como la libre elección matrimonial y el divorcio, los nacionalistas recuperaban elementos de la tradición confuciana que limitaban la autonomía femenina.
La victoria comunista de 1949, liderada por Mao Zedong, supuso avances significativos para las mujeres. Durante las décadas de 1950 y 1960 se aprobaron leyes antipatriarcales y la Ley del Matrimonio de 1950 constituyó un instrumento esencial para combatir la estructura familiar tradicional. Sin embargo, la autora también señala las limitaciones de estos avances, ya que persistieron formas indirectas de discriminación y muchos valores confucianos continuaron presentes, especialmente en las zonas rurales.

Cai Chang, la principal dirigente femenina del Partido Comunista Chino en materia de políticas para las mujeres.

Bajo el argumento de combatir la infiltración de elementos burgueses y capitalistas que amenazaban la senda revolucionaria, Mao Zedong impulsó la Revolución Cultural (1966-1976). María José Palma señala que, aunque los derechos de las mujeres se mantuvieron formalmente, la práctica estuvo marcada por importantes contradicciones. Según la autora, el Partido Comunista chino tendió a minimizar las necesidades específicas de las mujeres, subordinando sus reivindicaciones a la lucha de clases. Esta posición no estuvo exenta de debate dentro del propio partido, donde coexistieron quienes defendían la especificidad de la opresión femenina y quienes la consideraban inseparable de la cuestión de clase. El resultado fue la imposición de un modelo de ciudadanía construido sobre parámetros esencialmente masculinos.

Jóvenes Guardias Rojas sostienen el «Libro Rojo» de Mao durante la Revolución Cultural (1966-1968). Getty Images Historical Collection.

La lectura de estos debates permite establecer paralelismos con algunas discusiones presentes en los movimientos feministas occidentales. En el caso español, durante la Transición se confrontaron quienes defendían la liberación de las mujeres a través de la lucha de clases y quienes sostenían que la opresión femenina poseía una especificidad propia que no podía quedar subordinada a otros proyectos políticos.
Con la llegada de Deng Xiaoping y la apertura económica de los años ochenta, China experimentó profundas transformaciones. Aunque la modernización generó nuevas oportunidades, también favoreció la reaparición de desigualdades de género y la persistencia de patrones patriarcales. Algunas políticas destinadas a incentivar la permanencia de las mujeres en el ámbito doméstico evidenciaron la continuidad de determinados valores tradicionales.

Trabajadoras en una fábrica de la Zona Económica Especial de Shenzhen durante los primeros años de la política de Reforma y Apertura, década de 1980. Shenzhen Museum.

Pese a ello, la mejora de la educación femenina ha contribuido a elevar progresivamente el estatus de las mujeres chinas. Sin embargo, persisten importantes desafíos. Según la autora, las violencias machistas continúan siendo un tema tabú y el feminismo autónomo permanece sometido a un importante control por parte de las autoridades. Por otra parte, el Día Internacional de las Mujeres no tiene el carácter reivindicativo de los países occidentales y se convierte, en palabras de la autora, en una especie de día de San Valentín, en el día de las muchachas, las reinas o las diosas.

Mujeres compran flores para celebrar el Día Internacional de las Mujeres en Huai’an (Jiangsu, China), 8 de marzo de 2025. Fotografía: Getty Images.

No obstante, las nuevas generaciones urbanas muestran una creciente conciencia crítica respecto a las desigualdades de género, lo que lleva a Palma Borrego a concluir que la lucha de las mujeres chinas por sus derechos está lejos de haber terminado.

Manifestaciones contra el arresto de las «Feminist Five», activistas detenidas en marzo de 2015 por preparar una campaña contra el acoso sexual en el transporte público. Su arresto marcó un punto de inflexión para el feminismo contemporáneo en China. Fotografía: Reuters.

Finalmente, la obra de María José Palma se completa con un útil apéndice biográfico dedicado a las mujeres que desempeñaron un papel relevante en los procesos históricos descritos.
En conjunto, La larga marcha de las mujeres chinas constituye una excelente introducción a la historia de las mujeres y de los movimientos feministas en China. Se trata de una obra divulgativa, rigurosa y accesible, que permite comprender la compleja evolución de las mujeres en un país que ha pasado de ser una potencia emergente a convertirse en uno de los actores fundamentales del escenario mundial contemporáneo.

SOBRE LA AUTORA:

María José Palma Borrego, doctora en Literatura Francesa por la Universidad de Sevilla y formada en Psicoanálisis y Literatura Femenina en la Universidad París 7. Su trayectoria está estrechamente vinculada al feminismo, en cuyos movimientos participó durante la Transición española. Cofundadora de la Asociación Democrática de la Mujer Andaluza «Mariana de Pineda», junto a Margarita Laviana, e integrante del Grupo 7, del que también formaron parte feministas como Margarita Aizpuru, Nani Carvajal, Carmen Jiménez y Alida Carloni.
Sus investigaciones se encuentran recogidas en numerosos artículos, ensayos y conferencias. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria como escritora de narrativa, que le valió en 2009 el Segundo Premio de la Convocatoria Internacional de Narrativa Breve convocada por la editorial Nuevo Ser (Argentina). En la actualidad es codirectora de la Muestra de Cine Lésbico de Asturias.

Jesús Solís Ruiz es antropólogo, doctor en Historia e investigador de los movimientos feministas durante la Transición española.