REIVINDICANDO LA CULTURA

Por Cristina Martínez Martín

Tal y como están las cosas, el mundo que nos rodea parece desmoronarse. Los valores con los que hemos crecido y vivido están siendo arrasados por una fórmula simplista: todo vale si con ello se alcanza dinero y notoriedad. La gente de mi generación aspiraba, ante todo, a ser culta. Y eso no significaba únicamente adquirir conocimientos en ciencias y letras, sino, sobre todo, desarrollar la capacidad de discernir. Éramos conscientes de que solo a través del conocimiento es posible formar un criterio propio, y de que ese camino exigía esfuerzo, paciencia y tiempo.

Los científicos, los creadores, los sabios y los grandes pensadores eran admirados por sus aportaciones a la humanidad. Muchos queríamos emularlos, sabiendo que el recorrido era arduo y que, además del talento, requería constancia, suerte y, a menudo, muchos años. Hoy, sin embargo, los influencers hacen creer que todo se puede conseguir sin esfuerzo, sin tiempo y casi sin mérito. Todo parece reducirse a manejar la inteligencia artificial y unas cuantas fórmulas comerciales. Así se suceden los triunfos fugaces, pero también el vacío y el fracaso. Un día de gloria y cien de olvido.
Vivimos en la época de la incultura. Los científicos que se dejan la vista tras años de estudio para mejorar las condiciones de vida de la humanidad son, para una gran masa inculta, unos perfectos desconocidos. Los creadores y artistas, si no son ricos, jóvenes y atractivos, no interesan. Y los grandes pensadores resultan una molestia de la que muchos prefieren prescindir.
Lo más preocupante es escuchar a adolescentes que dicen despreciar la cultura y confiesan no haber leído un libro en su vida. Lejos de mostrar pudor o vergüenza, lo proclaman con orgullo.
–¿Y qué? —preguntan—. ¿Para qué sirve la cultura?
–Para vivir– les respondo.

Quien no conoce el pasado está condenado a repetir sus errores. Vivir sin cultura es caminar sin saber dónde se pisan los pies. Es convertirse en presa fácil de manipuladores capaces de conducirnos a la destrucción. La cultura está formada por todas las manifestaciones de la creatividad humana: la música, el cine, el teatro, la literatura, pero también la ciencia, la industria, el pensamiento social y el progreso colectivo.
El consumo ha sustituido a la cultura. Y esa falta de criterio, fruto de la incultura, es profundamente peligrosa.

En China, con una civilización milenaria a sus espaldas, la revolución de Mao se propuso borrar la cultura tradicional al considerarla una base del sometimiento del pueblo. He visitado el país y he podido comprobar los efectos de esa ruptura: una cultura sustituida por un consumismo desbordado y por valores en retroceso. El propio gobierno, consciente de esa carencia, intenta hoy recuperar parte de esos valores, sin los cuales resulta difícil construir una sociedad sólida.
En Occidente, quienes durante décadas actuaron como “policías del mundo” —a menudo injustos, crueles y destructores, pero garantes de cierto orden— se han transformado en una amenaza al dinamitar los valores sobre los que se sostenía nuestra convivencia. La paradoja es clara: sin cultura, es imposible defender la cultura.
Cristina Martínez Martín es escritora, profesora jubilada, empresaria y feminista.
Cristina Martínez en Mujeres del Sur:
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