Mujeres del Sur

¡QUÉ PENA!

¡AHORA NO, MARI CARMEN! ¡TENÍAS QUE SEGUIR VIVA!

QUERIDA MARI CARMEN: Es muy triste que te vayas precisamente ahora, cuando la sociedad española te ha convertido en la principal referente de sus reivindicaciones en eso tan fundamental como es tener un techo bajo el que vivir. Tu historia es la de tantas mujeres y hombres… y se han identificado tanto contigo al verte saliendo en camilla de la que fue tu casa, sin solución de continuidad, en la calle Alcalde Sáinz de Baranda, del distrito de Retiro de Madrid.

Durante setenta años ese fue tu hogar y podría haber seguido siéndolo pese al maldito desahucio que, sin ninguna duda, empeoró tu estado de salud. Un desalojo que fue seguido en directo por centenares de miles de personas a través de todos los canales de televisión y las inevitables las redes sociales. Y digo que podría haber seguido siendo tu casa porque finalmente, -y una vez ejecutado eso que llaman «lanzamiento», que no es otra cosa que ponerte en la calle-, tu abogada y la propiedad consiguieron un acuerdo a través de la mediación del Ayuntamiento de Madrid para que pudieras seguir viviendo allí. Pero tu salud no te dio tiempo a volver, te has ido demasiado pronto.

Desahucio de Mari Carmen

No te engaño, Mari Carmen, si te digo que tu situación puso rostro a un problema que ya estaba presente en nuestras ciudades, pueblos y barrios desde hacía años. Un problema, actualmente el principal para la ciudadanía española reflejado incluso en las maquilladas encuestas del CIS, que se cocía en ollas con la tapadera puesta. Y cuando se destapó tu caso, el movimiento de inquilinas, las organizaciones sociales y tantas personas que llevan años defendiendo el derecho a la vivienda encontraron la prueba de su razón para hacerse escuchar, porque lo tuyo permitía comprender de una manera muy concreta que hablar de vivienda es hablar de vidas, de familias, de mujeres mayores que tras décadas de trabajo y cuidados pueden encontrarse ante la inseguridad de no saber dónde poder terminar su vida.

Pero todavía, Mari Carmen, hay algo más significativo que se deduce del terrible momento que pasaste ese fatídico 23 de septiembre. Se trata de la empatía que propiciaste en quienes hoy tienen tu edad o parecida, y pertenecen a esa generación que sostuvo hogares, cuidó a padres, hijos y familiares, trabajó dentro y fuera de la casa y levantó comunidades enteras con una enorme cantidad de trabajo que durante demasiado tiempo permaneció invisible. La vivienda para estas personas, igual que lo fue para ti, resulta parte fundamental de esa seguridad perseguida a lo largo de los años. Perderla, cuando ya se ha llegado a la vejez, significa cuestionar todo lo anterior y acabar con la tranquilidad que más que nunca debe acompañar en esa etapa.

Mari Carmen, en el hospital

Y quizá por eso tus últimas palabras, esas que dijiste públicamente desde el hospital donde cerraste los ojos, siguen retumbando en nuestro oídos. Nos animaste a seguir luchando desde el dolor que sentías por haber perdido algo tan valioso como tu pequeño rincón del mundo. Y tu dolor, que acabó causándote daños irreversibles y que ahora lo asumimos como propio todos y todas, especialmente quienes se unieron gracias a ti en una gran movilización por el derecho a la vivienda, es el más noble decreto para exigir una política que garantice que ninguna persona sea expulsada del lugar donde ha construido su existencia sin una alternativa digna y segura.

Desde Mujeres del Sur queremos despedirte recordando precisamente lo que simbolizas para tanta gente: que tener una casa donde vivir no puede ser un privilegio reservado a quien puede pagarla, sino una condición necesaria para la dignidad de todas las personas. Te vas, Mari Carmen, y dejas tristeza a tu alrededor y se te llora esta noche en muchas plazas españolas, pero nos consuela tu memoria, esa que, contra todo pronóstico para quienes perpetraron tu desahucio, ha conseguido la mayor unidad en torno a una reivindicación tan como justa como es el derecho a la vivienda.

Descansa en paz, buena mujer. Quienes te vimos salir de aquella casa y quienes hemos escuchado tu última petición tendremos que procurar que tus palabras pervivan y sirvan de apoyo y defensa para todas las personas amenazadas por los problemas de la vivienda. Tu vida ya forma parte de un sentir colectivo en este país que se ha convertido en el principal estímulo de lucha por la dignidad. De esa memoria colectiva, te lo aseguro, nadie va a desahuciarte.

Mujeres del Sur