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Por Paula Gómez Rosado

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Descarrilamiento de trenes
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No suelo publicar escritos recientes porque un tiempo de reposo viene muy bien para acabar de cocerse, pero la única forma que puedo mostrar mi dolor por las víctimas y dar mi sentido pésame a las familias, es hacer lo que sé: escribir. Será necesario un informe esclarecedor para volver a confiar en el ferrocarril; será muy necesario que se apaguen los fuegos encendidos sin otro objetivo que caldear el ambiente para sacar beneficio político o mediático propio; hará falta mucha terapia y voluntad para superar el horror, tanto a quienes iban en los trenes como a las familias o a las personas que han intervenido en la asistencia. Y todos sabemos que quienes lo vivimos, aunque sea desde lejos, lo recordaremos mucho tiempo, pero que la vida sigue y el campo vuelve a germinar para darnos flores y frutos.
Me quedo con las personas: profesionales, autoridades, vecinos de Adamuz o viajeros de ambos trenes que se volcaron al unísono en la ayuda desde el sentido del deber colectivo para responder a las necesidades urgentes del momento. El bienestar es la suma del buen funcionamiento de los servicios, la conciencia ciudadana de lo colectivo como bien a proteger y la solidaridad y cooperación ante los retos que se nos presentan como la sociedad.
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En segundos
casi nada
un tiempo imperceptible
y sin embargo logra
teñirnos el paisaje
de horror
y de tristeza.
El mundo es una máquina
con sus imperfecciones
que aunque funciona igual
que relojes suizos
a veces una gota
se le cuela y consigue
oxidar cada pieza
parar la maquinaria
y que su esfera muestre
el vacío
la nada.
A veces
nuestro mundo
cercano y abarcable
es el que se ha varado
durante unos segundos
cuando algo impredecible
nos rompe los esquemas
y con sadismo arrastra
los sueños
las vidas
tan solo por estar
en el preciso instante
junto a otra mucha gente
en ese lugar equis
que el destino eligió
y al dar su golpe fuerte
horada un agujero
profundo
oscuro
en medio de la historia
que nada en mucho tiempo
restaurará el reloj
y que vuelva a girar
con el ritmo de siempre
para marcar las horas
de tiempo
de alegría.
Muchas veces la muerte
nos muestra su eficiencia
y de un solo viaje
realiza la tarea
de semanas
de meses
después deja pintada
en relieve su sombra
en un lugar bien alto
visible a cualquier ojo
para así recordarnos
su máximo poder
sobre todas las vidas
sin límites
sin reglas.
No hemos de sentarnos
a esperar su llegada
mas sí reconocer
que siempre impredecible
nos pilla en cualquier parte
y al verla no intentar
huir y aceptar su mano.
Paula Gómez Rosado es escritora y feminista.
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