Mujeres del Sur

A PIE DE CALLE

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EL SANGRADO DE LAS MUJERES

.- Un macroestudio pionero con más de 4.000 participantes concluye que el tabú menstrual persiste.

.- Según ese mismo estudio, cuatro de cada diez españoles perciben la menstruación como un estigma.

.- “El 79% de quienes respondieron al estudio afirmó que raramente en series y películas, y un 73% señaló lo mismo respecto a los libros. Las personas encuestadas también señalaron la ausencia de la menstruación en los medios de comunicación, como la televisión, considerándolo un acto deliberado en los casos de los reality shows 24h y destacaron que esta falta de representación refuerza su invisibilidad. La publicidad fue especialmente criticada entre las personas que intervinieron en el estudio por mostrar imágenes irreales de la regla: brilllos y purpurina, líquidos azules o mujeres presentadas como enérgicas, radiantes y siempre sonrientes”. (1)

Por Paula Gómez Rosado

         

Mientras estaba subida al sillón ginecológico, con las piernas abiertas, sin bragas y todo el vestuario horrible de los hospitales, pensaba en la vulnerabilidad del ser humano, pero también en esa capacidad para ayudarnos y confiar en las otras personas y… La anestesia para una pequeña intervención debió hacer su efecto. Ya en casa, serena y sin dolor, reflexiono sobre nuestra biología, con ese aparato interior que nos convierte en mujeres, pero también nos da algunos quebraderos de cabeza que los hombres no sufren, aunque tengan los suyos.

Qué poco hemos hablado las mujeres de nuestros sangrados. Ahora ya empezamos a comentar sobre la menstruación con naturalidad e incluso la reivindicamos empoderadas como origen de la vida. Falta hablar abiertamente con hombres del tema y que aparezca en los medios para normalizarla totalmente.

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“Sin embargo, “desnormalizar” la menstruación, apartarla de nuestras conversaciones como si no existiera o desconocer cuándo determinados síntomas requieren de la consulta de un profesional de la medicina es un peligro, porque perpetúa prejuicios y falsas ideas que pueden afectar enormemente a la salud de nuestras hijas”. (1) Nuestro sangrado tiene sdiversas lecturas que empiezan con los miedos a la menarquia por el desconocimiento. Ya sé que hoy las niñas saben, sí, pero tener información no es conocer y no he hablado con ninguna mujer que no viviera esas primeras reglas con inseguridades, un montón de preguntas que no se atrevía a hacer porque a la primera generaba risas, el miedo a manchar las prendas externas o a que se notase la compresa a través del pantalón…

Es una experiencia íntima, en total soledad, porque las vivencias o consejos ajenos no sirven para entender/aceptar todos los cambios que implica.

Con el tiempo nos acostumbramos a llevarlo con la naturalidad que supone y que no siempre comparten algunas de nuestras parejas masculinas a las cuales la sangre menstrual o  la visión de una compresa usada, aunque sea en la papelera, les genera rechazo. Un problema añadido que cuesta solucionar sin sentir miedos e inseguridades y nos produce de nuevo sentimiento de incomprensión y soledad, aunque se cuente a las amigas como desahogo.

En este punto no podemos obviar las  mujeres y niñas que viven en países en los que todavía consideran impuras a las mujeres que tienen la regla o aquellas que no tienen acceso a los productos que la hacen más llevaderas como nos intenta concienciar Oxfam Intermón con su campaña “Solo quiero cuidarme”.

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Otro momento es cuando falta y nos debatimos entre la duda y el gozo o, por el contrario, la incertidumbre y el miedo. Entre ojalá sí y el ojalá no. El deseo y lo inoportuno. De nuevo, se vive en la mayor de las soledades hasta que se tienen certezas y comienza otra etapa de preocupaciones que vivimos a solas porque es nuestro cuerpo y porque los sentires, pensamientos y decisiones son nuestras ¡Y hay tanto que pensar y hay tal maraña de sentimientos y hay tal lío entre lo que se lee, se escucha y se sentipiensa que es complicado tomar hasta las decisiones más básicas al respecto! . La certeza feliz se puede romper el día que sin saber porqué se nota una manchita roja en la braga que enciende todas nuestras alarmas y nos hace correr a buscar ayuda como desesperadas. ¡Qué duro es sufrir un aborto espontáneo! Y de nuevo, por muchos cuidados y mucha ternura que rodee a una mujer en esa situación, se vive desde la culpa y la soledad con miles de preguntas cuyas respuestas ajenas no sirven. Si es un aborto decidido, también supone incertidumbre, miedo y soledad porque es nuestro cuerpo el que se expone, porque las decisiones vitales son duras, porque venimos de una cultura que nos construye con determinadas creencias,

Llega la menopausia y dejamos de sangrar, pero este presente capitalista con sus poderosas farmacéuticas, nos convencen de que nuestro cuerpo ahora está incompleto y necesitamos lo que cada una fabrica para tener una menopausia sana, como si fuésemos máquinas hechas en serie con una mecánica de libro igual para todas.

Y nos acostumbramos a no sangrar cada mes, nos liberamos de todo el «ajuar» del sangrado vaginal (compresas, tampones, copas menstruales, anticonceptivos…). Un alivio y un ahorro, aunque también muchas dudas, algunos miedos y la soledad que nos empieza a hacer invisibles.

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Y la última parte. Pasados los años, un día, sin saber cómo se vuelve a notar una mancha roja en la braga y todos los miedos nos pueblan el paisaje presente. Y buscamos ayuda experta. Y se vive la incertidumbre de será o no será. A veces, no es y una pequeña intervención o un leve tratamiento nos deja nuevas. Pero a veces es y el mundo se abre a nuestros pies. Otra ocasión en las que nos envuelve la soledad más fría aunque estemos rodeadas y nos sintamos queridas, los miedos y el malestar, las visitas continuas a consulta, nos crean incertidumbre y dudas a cada paso.

Las sesiones de quimio, junto  a un grupo de personas en la misma situación de vulnerabilidad o mejor o peor, nos hace cuestionarnos demasiadas cosas y a veces lloramos y otras nos anima y salimos reconfortada por compartir esos malos momentos con gente que vive lo mismo. Cuando se pierde el pelo cuesta reconocerse, pero se le echa coraje, mucho coraje que no se sabe de dónde nos viene. Y un día, pasado largos meses, se toca la campana y damos gracias a la vida por concedernos un nuevo plazo. Después, se recuperan fuerzas, vuelve a crecer el pelo y se vive hasta donde sea. Pero ya, sabemos, que nuestra vagina no volverá a sangrar porque no tenemos útero. Y sin embargo, no se nota para nada el vacío porque lo llenamos de vida.

Paula Gómez Rosado es escritora y feminista.

(1) https://www.csic.es/es/actualidad-del-csic/cuatro-de-cada-diez-espanoles-perciben-la-menstruacion-como-un-estigma

(2) https://www.womens.es/menstruacion-la-doble-carga-del-sangrado-y-la-ansiedad-social/

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https://https://mujeresdelsur.es/somos-mujeres-del-sur-9/