ELLAS EN LA FERIA

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«¡Cuánto le debemos a aquellas mujeres sin titulación y que «no trabajaban»! Pero en la feria salían con su mejor rostro, altos tacones y bien arregladas, como si hubiesen estado toda la semana de reposo…»
Por Paula Gómez Rosado

Todas las ferias, desde la Feria de Abril de Sevilla hasta la del pueblo más pequeño de Andalucía, suponen uno de los principales acontecimientos para el vecindario de la localidad y alrededores, pero también implica un gran trabajo que comienza al día siguiente de terminar para llegar a tiempo al año próximo.
En el montaje del real (portada, casetas, farolillos y luces, atracciones) se suelen ver una mayoría de hombres hasta el punto de pensar que es trabajo exclusivo de ellos porque son profesiones muy masculinizadas en las que las mujeres no consiguen hacerse un hueco.

Pero nosotras no estamos ausentes de la actividad laboral de la feria, aunque no se nos vea echando la peonada en el real al aire libre con los primeros calores o incluso con lluvia.
Empezamos por los trajes de gitana que en mi infancia solían ser de confección artesanal y la mayoría hechos por las mujeres de la casa con unas telas a las que planchar echándole un extra de fuerzas y debajo, el cancán almidonado que llevaba también su esfuerzo y su tiempo, peinar y poner las flores a las niñas…
Aún recuerdo un año que en casa de mis tíos la economía estaba en horas bajas y mi prima, una niña de ocho o diez años, llegó llorando a casa porque sus amigas le dijeron que sin traje de gitana no podía ir con ellas. Mi tía cogió una sábana al uso y los lazos del pelo que tenía por casa y le hizo un traje blanco con los ribetes de los volantes hechos con los lazos de raso cada uno de un color. Al año siguiente salieron en mi pueblo varias niñas con trajes como aquel.

¡Cuánto le debemos a aquellas mujeres sin titulación y que «no trabajaban»! Pero en la feria salían con su mejor rostro, altos tacones y bien arregladas, como si hubiesen estado toda la semana de reposo, tras echar horas de descanso y sueño en tener todo listo para que el resto de la familia saliese perfecto: limpiar los trajes de marido e hijos, lavar y planchar las camisas, cepillar los zapatos, preparar todos los complementos del traje de flamenca para las hijas, dejar hecho un buen caldo y algo para picar por si a la vuelta…! Y al regresar, cansadas, la ropa llena de albero, alguna mancha… vuelta a lavar para que estuviese impecable al día siguiente, porque la mayoría no podía permitirse ni dos trajes para cambiarse.

Hoy todo está profesionalizado, aunque las mujeres todavía llevan la mayor parte del peso extra de los preparativos para que toda la familia salga en un punto. Y en cuanto al trabajo remunerado, como siempre, en tareas menos reconocidas y peor remuneradas, como las bordadoras, costureras, peluqueras… que trabajan a destajo y no siempre reciben recompensas económicas acordes con su esfuerzo.
Hay que destacar el trabajo para el equipo de flamenca (traje, mantoncillo, zapatillas, flores y pendientes) suelen ser desde el diseño hasta la venta, fruto de la mano de obra femenina, muchas veces en condiciones muy precarias.
También elaborando los adornos de las casetas o haciendo las flores trabajan principalmente mujeres y muchas están en la trastienda durante horas en el insoportable calor de la cocina, tampoco se las ve mientras disfrutamos de la mesa. Por último, el personal de limpieza tanto de la empresa pública que adecenta las calles como de las casetas privadas, se nutre con una parte importante de mujeres con horarios que se alargan y se alargan.
Podía seguir hablando porque en todas las actividades que se realizan en la feria intervienen mujeres, como en seguridad, atención médica, conducción de transporte público, todo tipo de ventas…
En fin, que la feria además de disfrute, lucir el traje, bailar sevillanas y comer en las casetas, también es trabajo para bastantes mujeres, generalmente menos visibles y peor remuneradas. Nada nuevo bajo el sol.
Solo desearos feliz feria con la conciencia de que quienes trabajan en esos días, tienen una tarea estresante por la cantidad de personas a atender, los largos horarios y el poco descanso, así que un poco de empatía y un mucho de paciencia cuando toque esperar o todo no sea enteramente a nuestro gusto.
Paula Gómez Rosado es escritora y feminista.
Paula Gómez Rosado en Mujeres del Sur: