ANTE EL ASESINATO DE LAURA CRUZ ME PREGUNTO…

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Por Paula Gómez Rosado

En esa crónica de una muerte anunciada que ha sido el asesinato, a manos de su pareja, de Laura Cruz después de un largo calvario fácil de conocer por quienes llevaban el caso porque estaba judicializado desde 2014 en que decidieron separarse y él ejerció sobre ella un control constante además de violencia física, económica y psicológica, hay muchas preguntas que me hago, quizás porque no soy jurista, pero sí soy ciudadana que conoce nuestros derechos.
El primero, el derecho a la vida que le han quitado porque le han fallado quienes tenían en sus manos protegerla. Y el derecho a una vida sin violencia, que queda demostrado ella venía denunciando desde el principio de su separación.
En segundo lugar, el derecho a juicios justos que den respuesta a las víctimas para resarcirlas y protegerlas. En este caso, como en tantos otros, está claro que no se han tomado las medidas necesarias para evitar el desenlace final, ni siquiera han mitigado ese calvario de 14 años que han vivido Laura y su hijo e hijas.
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Por eso son muchas las dudas que bullen en mi mente sin hallar respuesta.
En primer lugar, me gustaría preguntar a un juez o jueza cuyas sentencias absolutorias del victimario o medidas insuficientes de protección a la víctima terminan con el asesinato de esta última por parte del primero:
- ¿Qué siente usted desde ese inmenso poder sobre las vidas ajenas que le otorga la toga?¿Es consciente de la responsabilidad que se deriva de sus decisiones?
- ¿Ha intentado desde la empatía ponerse en el lugar de las mujeres que denuncian y ha sentido su miedo, su indefensión, su soledad frente a su maltratador?
-¿Cómo se siente cuando una mujer víctima de violencia de género es asesinada y usted podía haber tomado otras medidas legales de protección para ella? - ¿Por algún momento es consciente de haber causado violencia institucional o indefensión a la víctima?
- ¿O simplemente se escuda en que hizo lo que en conciencia creía acertado?
Porque aunque así fuera, aceptar que falló su sentencia, puede llevarle a analizar en que se equivocó, en que falló, qué no vio, qué habría podido tener en cuenta y no lo tuvo, qué medidas tenía en sus manos que hubieran sido útiles y no tomó es decir podía haber redactado otra sentencia más favorable para la víctima y coma a lo mejor hasta lograba salvarle la vida. No acuso, porque en nuestra humanidad con sus imperfecciones se incluye el error. Pero cuando nos equivocamos, lo más sano y productivo es asumirlo y después empezar a trabajar en evitar los errores la próxima vez. Todo esto va también para aquellas personas y grupos que tratan con mujeres víctimas: servicios sociales, cuerpos de seguridad del Estado, forenses, fiscales y responsables de las políticas de igualdad y su aplicación. - ¿Se analiza cada caso y se busca realmente en qué se falló para no repetirlo la próxima?
- ¿Se ponen en el lugar de las víctimas y se trabaja desde una profesionalidad que empieza con la empatía y sigue con la compasión?
Porque a veces, el trabajo nos lleva a la rutina e intervenimos en «casos» pero lo importante es que se mire a los ojos de las víctimas y se vea a la persona que sufre y está pidiendo ayuda porque confía en la profesionalidad de quien la atiende.
Está claro que no se hace bien y en ello va la vida, literal de las asesinadas, pero también las muertas en vida por el maltrato continuo y el control que les genera miedo y les impide tener una vida normalizada. Fallan todos lo estamentos que intervienen en la erradicación de la violencia de género cuando llevamos 36 asesinadas en lo que va de 2026 y, otro dato a tener en cuenta, en el sistema VioGen hay registrados 109.410 casos activos, a 31 de julio de 2026, según datos del Ministerio del Interior.
Por tanto, hay que trabajar mucho en la prevención, analizar las causas y las necesidades para superarlas y después comenzar a aplicar las medidas que de verdad ayuden a eliminar las violencias contra las mujeres en todos los estamentos con recursos suficientes y personal especializado que sepa realmente a qué se enfrenta y cómo encararlo, además de creer en lo que está haciendo. Porque un título o ganar una oposición no habilita para ser buena o buen profesional, en el sentido ético que le da Adela Cortina de:
“Frente al “êthos burocrático” de quien se atiene al mínimo legal pide el “êthos profesional” la excelencia, porque su compromiso fundamental no es el que le liga a la burocracia, sino a las personas concretas, a las personas de carne y hueso, cuyo beneficio da sentido a cualquier actividad e institución social”(1)
De nada sirve justificar con las partidas presupuestarias y con las medidas que se aplican. Si siempre se hace lo mismo, el resultado no varía, sino que está condenado a repetirse. Por tanto, habrá que cambiar de estrategia y tomar otras medidas si queremos de verdad que la violencia machista desaparezca de nuestra sociedad y las mujeres, todas, podamos vivir sin miedo.
(1) Adela Cortina, ¿Para qué sirve realmente…? LA ÉTICA. Pag. 139.
Paula Gómez Rosado es profesora jubilada y escritora feminista sevillana. Ha vivido muchos años en Peñaflor (Sevilla)
Paula Gómez Rosado en Mujeres del Sur:
https://https://mujeresdelsur.es/somos-mujeres-del-sur-9/