
«A LA MUERTE DE MARI CARMEN»

Por Paula Gómez Rosado
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Ha muerto María del Carmen Abascal víctima, aunque no se confirme médicamente, de un desahucio. Agradecerle su lucha incansable hasta el final que nos ha servido de modelo para empezar a exigir un derecho que parece en nuestra constitución: el derecho a la vivienda.
¿Qué siento? En primer lugar tristeza, mucha tristeza porque es una forma muy triste de despedirse de la vida. En segundo lugar rabia, mucha rabia, porque ha sido una muerte inducida, aunque no haya culpables directos ni negligencias injustificables. Nadie aguanta tanto sufrimiento, cualquier corazón se resiente y una persona mayor, mucho más.
No es la primera. Hace una semana se suicidaba Javier, un zapatero de Sabadell, por el mismo motivo. Si tiramos de hemeroteca, nos salen más, aunque las estadísticas del INE no las recoja de manera específica.
Sacar a alguien de su casa y alejarla de su entorno, ya supone un esfuerzo mental para adaptarse a la nueva situación. Pero si encima se queda en la calle, sin una alternativa habitacional, la salud mental se tambalea y la idea de suicidio como única salida se baraja, en algunos casos, se acaba materializando, por desgracia, o como María del Carmen, su cuerpo dice hasta aquí que ya no puedo más. Porque el cuerpo responde a los estímulos y cuando no se ve salida ¿qué estímulos recibe?

Porque un desahucio supone un golpe duro en la vida de una persona, si además eran cumplidoras y pagaban su alquiler correspondiente, pero de pronto, le multiplican el mismo hasta hacer imposible el pago, es revictimizarla y aumentar el sufrimiento. Por mucho apoyo que se reciba del vecindario, cuando alguien se ve en la calle sin ese espacio propio donde ser como realmente es sin ojos que la miran ni mentes que la juzgan. Si alguien pierde la intimidad, además de dejar atrás su historia, sus recuerdos y todo lo que construía su presente continuo y quedarse sin el hogar, que no son solo techo y paredes, sino mucho más relacionado con el bienestar personal, le queda la soledad y el frío que no quita un jersey, porque se pierde el calor que pone nuestro motor en funcionamiento para movernos cada día con ganas y objetivos.
Un desahucio es un drama humano cada día más habitual y con grandes repercusiones sociales porque quien pierde su casa y queda en la calle, acaba en el margen, como sombra invisible y resulta muy difícil revertir la situación.
Es un tema sociolaboral, por mucho que lo niegue el presidente de la CEOE para justificar la presunta ilegalidad de la anunciada huelga general, porque hay demasiada gente con sueldos inalcanzables incluso sumando dos o más trabajos. Por mucho que se suba el SMI, si se hacen contratos con media jornada o por horas, aunque luego se exija mayor dedicación sin pagar horas extras; si se hacen contratos por días o pocos meses que impiden una estabilidad económica y personal; si el único objetivo de las empresas es sus dividendos y no tienen en cuenta el bienestar de las personas empleadas, contribuyen a empeorar la capacidad de la gente para adquirir o alquilar una vivienda.

Y es un tema político, por supuesto, muy político porque de las leyes y normativas de las distintas administraciones que tienen competencias en vivienda, depende la mayor parte. No es fácil solucionarlo, es comprensible, son muchos años de legislar con la mentalidad del capital de que «el mercado se regula solo», pero ya no valen excusas: que los ayuntamientos liberen suelos y las restantes administraciones aporten la cuantía necesaria para que se hagan viviendas de promoción pública para alquilar con mensualidades asequibles a los sueldos bajos. Nada que ver con esas promociones de viviendas protegidas como las de EMVISESA (Empresa de la vivienda del Ayuntamiento de Sevilla) en los terrenos de la antigua fábrica Cruzcampo, con precios que va entre casi 200.000 euros y más de 300.000). Está claro que imposible para un sueldo bajo o medio. Por tanto, se está poniendo a disposición de personas con ingresos altos, viviendas con grandes descuentos mientras quienes más lo necesitan tienen cada vez más dificultades.

Y para terminar, es un tema de género porque por diversas razones, las mujeres tienen mayores dificultades para mantener el alquiler. Según el Instituto de las Mujeres y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) el 70% de las víctimas de los desahucios son mujeres.
Varios son los motivos, de los que destaco dos por su peso en la vida de las personas:
1º Ellas encabezan la mayor parte de hogares monoparentales.
2º La brecha salarial de las mujeres con respecto a los hombres
(el 15´74, según el Instituto de las Mujeres, en febrero de 2026)
La vivienda es ahora mismo uno de los grandes problemas de la sociedad, junto a los derechos relacionados con los servicios públicos como sanidad, educación o dependencia (muchas competencias de la CCAA) e irá a peor si no empezamos a movernos. Así que solo queda tomar conciencia y empezar a exigir de todas las formas democráticas posibles aquello que por justicia nos corresponde porque no son regalos, son derechos pagados con nuestros impuestos.
En cuanto a Mari Carmen, siempre la tendremos presente y le agradeceremos su lucha y su dignidad.
Paula Gómez Rosado es profesora jubilada, escritora feminista. Nacida en Sevilla, ha vivido muchos años en Peñaflor (Sevilla).
Mari Carmen en Mujeres del Sur:
7 de octubre 2026
https://https://mujeresdelsur.es/que-pena/
Paula Gómez Rosado en Mujeres del Sur:
https://https://mujeresdelsur.es/somos-mujeres-del-sur-9/