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LA EXMINISTRA DEL PP IBA EN UNO DE LOS TRENES ACCIDENTADOS EN URDA (Toledo)

Viajaba en el Iryo en dirección a Sevilla, ayer 28 de octubre. Tenía que participar en un acto de la Confederación de Empresarios (CEA) pero no llegó a la capital andaluza. Salió de Madrid muy temprano y su asiento estaba en uno de los últimos vagones, con la mala suerte de ser embestido cuando el tren estaba parado por el AVE que venía detrás. Oficialmente no está confirmada su muerte pero su nombre sí figura entre las 30 personas aún desaparecidas a raíz de este grave accidente ferroviario, que podrían sumarse a las 68 víctimas mortales identificadas hasta el momento.
En Andalucía Fátima Báñez era muy querida. Seria, discreta, amable. Militaba en el Partido Popular y durante el gobierno de Rajoy fue la primera mujer en ocupar la cartera ministerial de Empleo y Seguridad Social. Había nacido hacía 59 años en la localidad onubense de San Juan del Puerto, estaba casada con Jaime Alonso, tenía dos hijos (23 y 19 años) y siempre procuró que su familia se mantuviera al margen de su actividad política.

En Huelva hoy se la llora porque Báñez mantenía estrechos vínculos con la provincia. Aunque sus responsabilidades profesionales la llevaron a Madrid, procuraba regresar a su tierra, especialmente durante las vacaciones. Veraneaba en La Antilla, en el municipio de Lepe, donde pasaba los veranos de su infancia y donde la nombrarían, en 2017, Hija Adoptiva.
Una faceta menos conocida de su personalidad era su afición a la poesía, que para ella suponía una forma de desconectar de los números y las preocupaciones profesionales. Se declaraba admiradora de Joaquín Sabina y también de Carolina Marín. De hecho, en sus ratos libres practicaba en bádminton con su hijo pequeño.
En el plano político deja como legado una reforma laboral controvertida y ya superada. Fátima Báñez era defensora a ultranza de la incorporación plena de las mujeres al mundo laboral y en ese sentido propuso impulsar un pacto de Estado para que la jornada laboral terminara, con carácter general, a las seis de la tarde. Planteó también medidas como el teletrabajo y una bolsa de horas para atender asuntos personales pero no pudo imponerlas. Su reforma laboral fue muy contestada por los sindicatos pues redujo la indemnización por despido improcedente a 33 días por año trabajado, facilitó los despidos colectivos y amplió la flexibilidad empresarial. Al principio (2012-2013) no logró crear empleo pero más tarde, cuando empezó la recuperación económica (2014), sí. En todo caso evitó que en los peores años de la crisis se perdieran 225.000 puestos de trabajo, según declaró el gobierno de entonces.

En su etapa como ministra le tocó abordar aparte de una reforma laboral en tiempos de crisis económica, la necesaria conciliación laboral. Sus dificultades las vivió en sus carnes y las expuso públicamente. En privado reconocía que negociar en casa resultaba a veces más difícil que hacerlo con los agentes sociales. Respondía a las críticas del PSOE sobre las repercusiones de la reforma, especialmente para las mujeres diciendo que, «Para conciliar, lo primero que hay que hacer es trabajar». Cuando abandonó la política parlamentaria, Báñez continuó en el ámbito empresarial como presidenta de la Fundación CEOE.
La exministra Fátima Báñez forma parte del reducido grupo de mujeres que con sus aciertos y sus errores han contribuido a perfilar la historia laboral de España, y también del numeroso grupo de personas que se ha mantenido siempre fiel a la Virgen del Rocío. Una cosa no quita la otra. Descanse en paz.
Mujeres del Sur