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AMÉRICA Y AFRICA SE DAN LA MANO EN EL MONASTERIO DE LA CARTUJA

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.-«AMÉFRICA» indica la conexión entre América y África, en la creación simbólica, estética, social, política y artística del continente americano.
.– Se inspira en el concepto de “Amefricanidad” desarrollado por la antropóloga, escritora y militante feminista afrobrasileña Leila González (1935-1994), lideresa del movimiento negro brasileño, e investigadora de las culturas negras y del colectivo de mujeres negras «Nzinga”.
.-En la exposición participan 99 artistas de más de treinta países de todo el mundo con 128 obras de pintura, escultura, fotografía e instalaciones textiles en sintonía con las aportaciones de Leila González y su crítica al mito de que “América es solo latina”.
.- Se puede visitar en el sevillano Monasterio de La Cartuja hasta el 10 de enero de 2027.
Por Macarena Carvajal

Hay tiempo de sobra para ver esta exposición en el Monasterio de la Cartuja de Sevilla, pues se inauguró el 27 de febrero y se quedará hasta el 10 de enero de 2027, pero es tan interesante y tan impactante que merece más de una visita para llegar a asimilar todo el contenido expuesto a los visitantes. El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo se sitúa al nivel de otros espacios de referencia como la Tate Modern, o el MACBA. Acoge a los visitantes entre los patios y las capillas del antiguo monasterio cartujano que, en estas fechas, luce espectacular, luminoso, atractivo y revestido de modernidad y originalidad gracias a su programa de exposiciones, particularmente de esta que comentamos hoy. Pasen y vean:

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AMÉFRICA, como su nombre indica es la conexión entre América y África, pero poniendo de manifiesto fundamentalmente la importancia de África en la creación simbólica, estética, social, política y artística del continente americano. El concepto de “Amefricanidad” lo desarrolló la antropóloga, escritora y militante feminista afrobrasileña Leila González (1935-1994), quien fue una de las principales líderes del movimiento negro brasileño, siendo pionera en la investigación de las culturas negras y del colectivo de mujeres negras «Nzinga”. Su análisis sobre la intersección de raza, género y clase en la vida de las mujeres de color es hoy referencia clave en el feminismo negro latinoamericano.

La «Amefricanidad» trata de que se reconozca que las culturas latinoamericanas se constituyen gracias a las aportaciones de indígenas africanos y no solo de la herencia latina y que, además, engloba en su concepto, la experiencia común de la diáspora africana desde la colonización, la memoria de la esclavitud forzada, las formas de resistencia que se desarrollaron, y la aportación cultural artística y social, especialmente protagonizada por las mujeres negras, al mundo latinoamericano.
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AMÉRICA NO ES SOLO LATINA
La muestra distribuye los espacios en cinco capítulos que marcan las claves de la «Amefricanidad»: 1: Desplazamiento o diáspora y lucha por la adaptación; 2: Resistencia; 3: Reinterpretación o resignificación cultural; 4: Nuevas formas de creación artística y 5: “Amefricanas” o la aportación de las mujeres negras. El hilo conductor es la conexión artística entre África y América articulado a través de la colección de Jorge M. Pérez, filántropo y multimillonario argentino-cubano-estadounidense.
Para no ser exhaustiva quiero mostrar solo algunas obras y encuadrarlas dentro de la conceptualización hecha por Leila González y su legado feminista, en este caso centrado en la mujer negra como sujeto político y estético que ya no narra su experiencia desde la perspectiva colonial sino desde su propia mirada e intereses humanos.

“Es interesante constatar cómo a través de la figura de “la madre negra”, la verdad surge del equívoco. Precisamente esta figura es quien va a ponerle la zancadilla a la raza dominante”. (Leila González).
En la exposición se pone de manifiesto que la esclavitud, la lucha por la adaptación o la resistencia, se reinventan día a día y persisten en multitud de situaciones de injusticia, discriminación y odio que se viven en la actualidad. Al visitante le queda muy claro que el pasado no está cerrado, sino que se integra en el proceso histórico y político en curso que, a través de las obras de estos artistas lo podemos contemplar en toda su crudeza.

En la historia de la Amefricanidad están muy presentes las travesías forzadas o voluntarias de personas que van desde el tráfico de esclavos hasta las migraciones contemporáneas. Toguo, inspirándose en la crisis migratoria de 2010, nos muestra este barco de madera que evoca las precarias condiciones en que se realizan estas peligrosas travesías.

Como respuesta artística a la violencia policial contra hombres negros en EE.UU, el autor realiza esta escultura que es un montaje de costura, armazón y sonido en un intento de enfocar la discriminación racial en el marco ancestral de las tradiciones musicales de los que fueron esclavos.

La artista investiga las contradicciones de los sistemas legales construidos históricamente de forma excluyente. Las telas utilizadas son un elemento central del lenguaje artístico de la autora por su vinculación, a lo largo de los siglos, a las rutas comerciales coloniales.

En toda la obra de Campos-Pons está muy presente la diáspora africana y la memoria de la esclavitud. Aquí, utilizando la fotografía de su propio cuerpo como un archivo histórico, destaca la fragmentación que produce la migración en las personas que la sufren. El título sugiere la resistencia simbólica ante todo y ante todos.

Esta autora trabaja con materiales asociados al cuerpo de la mujer introduciendo en sus obras raza, género y trabajo doméstico. En “La sangre de la mujer negra” Magadlela utiliza la transparencia y la fragilidad del tejido de las medias de nailon en colores rojos y rosados, lo que considera íntimamente ligado a la experiencia corporal femenina, evocando la piel y la presencia de las mujeres.

Juana Valdés. Cuba 1963. “Trapos de porcelana de color castaño”. Porcelana cocida.

Los trapos de cocina que expone esta artista multidisciplinar, que trabaja la fotografía, las instalaciones, el vídeo y la escultura, tienen un aspecto tan cotidiano y tan doméstico que no parecen hechos de cerámica. Muchas de sus obras se centran en la cultura material y el trabajo femenino en la casa, pero están siempre impregnados de impactantes rasgos de “racialización”. En esta instalación de trapos cerámicos, Juana Valdés trabaja con porcelana “bona” china, un material muy valorado por su blancura y asociado a la valiosísima cerámica europea. La autora le añade pigmentos de diferentes tonos de piel morena, criticando así el ideal de blancura como valor primordial y reivindicado elegantemente el mestizaje.

La doctora Stella Nyanzi, académica y activista ugandesa que desafió en su país la opresión institucional sobre las mujeres, es aquí homenajeada en una imagen realizada en tela y plástico. En la obra, la mujer empuña la espada mostrando su resistencia política y feminista. Pero sus ropas hacen referencias a prácticas ancestrales, pues la tela de corteza se vincula a rituales y a modos de producción artesanales, quedando así entrelazadas la tradición y las narrativas actuales.

Este precioso cuadro realizado con materiales naturales y bordado a mano, transmite tanta ternura entre abuela y nieta que se puede mirar sin cansarse durante un buen rato. Es una obra colorida y poderosa. En ella tiene cabida la memoria, la migración, la herencia familiar, las experiencias intergeneracionales en el ámbito doméstico, la preservación de los conocimientos, el respeto y el cariño.

Al lado de la anterior encontramos otra obra de ambiente intimista y doméstico. Lawson es una gran artista y fotógrafa del retrato negro. En esta imagen la figura infantil, al lado de su abuela, asume un valor simbólico al portar en sus manos un vínculo, los anillos, que representan transmisión y continuidad, familia, parentesco, responsabilidades heredadas, en suma, la afirmación de la vida negra en toda su complejidad familiar y cotidiana.

El principal objetivo de esta fotógrafa y escultora es la visibilidad y la afirmación de las vidas negras LGBTQIA+. Se enfrenta así a los borrados históricos, expresando en sus obras la dignidad y la presencia y haciendo gala de un activismo visual enfocado en los cuerpos que se han visto marginados. Muholi otorga permanencia y visibilidad a sus esculturas, como ocurre con esta autorrepresentación en bronce.

Partiendo de un recuerdo de su infancia en el sur de Texas, Tenzeno enfoca el tendedero como un espacio de convivencia comunitaria de las mujeres, que, mientras se secaba la ropa, intercambiaban historias, conocimientos y cuidados. Es una forma de abordar lo doméstico y la herencia cultural afroamericana a través de un trabajo muy elaborado de técnicas de grabado, estarcido y pintura.

Esta obra se encuadra en una línea de trabajo donde las celebraciones, los rituales y los encuentros, son el punto de partida para hablar de las experiencias de las mujeres negras. Nneji otorga significado al espacio femenino con un prolijo detalle en sus composiciones. “Día de fiesta” nos habla de lo cotidiano, de la intimidad y también de la dignidad.


Zizipho Poswa. Sudáfrica 1979. “Mamá Miriam Makeba”
Para terminar, quiero mostrar estas preciosas fotografías de la obra de esta artista sudafricana. Zizipho utiliza el arte capilar del pueblo “Fulani” para rendir homenaje a la cantante y activista Miriam Makeba que, durante su exilio en Guinea, se peinaba de una forma muy elaborada y original como gesto político de afirmación de la conciencia negra. Makeba se convierte así en un símbolo de la resistencia y del orgullo africano, alejándose de los patrones eurocéntricos de belleza femenina.
Macarena Carvajal es profesora jubilada de Historia y Geografía y traductora de ruso.