Mujeres del Sur

De escritoras y criadas

Las invisibles de Atwood y Stockett

Margarte Atwood

La novelista canadiense Margarte Atwood se encuentra estos días en Granada donde acaba de ser nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad. La estancia en España de la autora de «El cuento de la criada», obra de la que se han vendido más de 10 millones de copias desde que se publicó en 1985, se produce poco después de que visitara Madrid la escritora estadounidense Kathryn Stockett (Jackson, Misisipi, 1969), autora de «Criadas y señoras«, novela publicada en 2009 que ronda los quince millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Dos escritoras separadas por generaciones, estilos y geografías, pero unidas por una palabra que atraviesa sus obras: «criada».

Las novelas de Stockett y Atwood parecen, a primera vista, muy diferentes. Una se sitúa en el Misisipi de los años sesenta, en plena segregación racial estadounidense. La otra imagina una teocracia totalitaria en un futuro inquietantemente cercano. Una se inspira en el realismo histórico; la otra en una sociedad futura aterradora. Sin embargo, ambas plantean en sus páginas el vuelco que supone socialmente que mujeres que realizan los trabajos más ocultos dejen de ser invisibles y comiencen a contar su propio relato.

En «Criadas y señoras«, las protagonistas son mujeres negras que cuidan niños, limpian casas y organizan la vida cotidiana de familias blancas acomodadas. Conocen todos los secretos de esas casas, pero nadie escucha su voz. Están presentes en cada momento importante de la vida familiar y, sin embargo, permanecen relegadas a los márgenes. En «El cuento de la criada«, las mujeres han sido reducidas a una única función: la reproducción. También ellas viven dentro de las casas de otros. También están sometidas a normas impuestas por quienes poseen el poder. También se espera de ellas obediencia, silencio y resignación.

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Los escenarios son distintos, pero ambas novelas recuerdan que las sociedades suelen sobrevivir gracias a los trabajos que realizan las mujeres, precisamente por eso considerados secundarios. Cuidar, limpiar, alimentar, criar, acompañar… son actividades imprescindibles para la vida colectiva y, sin embargo, tradicionalmente infravaloradas. Por eso ambas obras, a pesar de su diferencia de aparición en el tiempo y de su planteamiento temático, han conectado con millones de lectoras en todo el mundo pues se refieren a algo tan extendido como es la desigualdad del poder, la toma de decisiones y sus consecuencias en todos los ámbitos. Novelas que en definitiva, hablan de quiénes aparecen en los retratos que pasarán a la historia y de quiénes se quedan fuera de ella porque no caben en el encuadre.

Y LAS SEÑORAS

Margaret Atwood en La Alhambra esta tarde

Las mujeres blancas acomodadas de «Criadas y señoras» disfrutan de privilegios que las sirvientas no poseen. Sin embargo, ellas mismas viven dentro de una estructura profundamente patriarcal que también limita sus posibilidades. En el universo de Atwood ocurre algo parecido con las esposas de los dirigentes de Gilead. Son parte del sistema dominante, pero también están sometidas a él. Ni unas ni otras son libres.

Esa complejidad es una de las grandes aportaciones de ambas escritoras. El poder del hombre sobre la mujer y también el poder transversal de mujeres sobre mujeres, matizado por las diferencias de clase, de raza, de educación y de posición social.

Kathryn Stockett

Mientras Atwood ha recibido en Granada el reconocimiento académico de una de las universidades más prestigiosas del país y defiende la importancia de las humanidades frente a los desafíos del presente, especialmente la IA, la visita reciente de Stockett a la pasada Feria del Libro madrileña para firmar su última obra «El club de las indomables», ha vuelto a poner sobre la mesa una novela que desde hace 17 años obliga a millones de lectores/as a mirar de frente una parte incómoda de la historia estadounidense. Las criadas de Stockett y las criadas de Atwood pertenecen a mundos distintos, pero cuando cuentan sus historias revelan la misma sorpresa: hay vida en los cuidados, en la limpieza, entre sartenes, delantales, plumeros, cubos… y lo más convulso, dejan de ser criadas para convertirse en protagonistas.

Mujeres del Sur, Granada