Mujeres del Sur

EL CARNÉ DE FEMINISTA

UNA CREDENCIAL QUE HOY A VECES SE REPARTE DE BOQUILLA PERO EN SU DÍA EXISTIÓ

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.- La ADMA de Margarita Laviana fue la primera en expedirlo. La Asociación estaba abierta a mujeres de todas las tendencias y no dependía de ningún partido político. Laviana militaba en el Partido del Trabajo de España (PTE).

.- El carné de la ADMA acreditaba la condición de «socia» y materializaba la pertenencia individual a una organización feminista.

.-Conforme avanzaba la Transición el feminismo se fue institucionalizando. Se crearon los Institutos de las Mujeres que impulsaron el asociacionismo y la participación institucional.

.-Hoy el debate sobre la participación formal en la acción colectiva de las mujeres sigue abierto, y coexisten organizaciones con afiliadas y asambleas abiertas. No acostumbran a repartir carnés específicamente feministas.

Por Jesús Solís Ruiz

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En los últimos años se ha hecho habitual utilizar la expresión «carné de feminista» como metáfora, generalmente irónica, de la autoridad que algunas personas se atribuyen para decidir quién puede considerarse feminista y quién no. La escritora y activista feminista Laura Freixas, en su artículo «Carnets de feminismo», recoge precisamente este reproche: «¿A santo de qué vas repartiendo tú carnets de feminista?». La periodista Bárbara G. Vilariño lleva la expresión al propio título de un artículo, «¿Es aquí donde se dan los carnés de feminista?», que concluye irónicamente: «Temo no tener respuestas y que me acabéis quitando el carné de feminista». Por su parte, la histórica dirigente feminista y fundadora del Partido Feminista de España Lidia Falcón responde a quienes la acusan de «repartir carnés» reivindicando su trayectoria: «Si alguien tiene derecho a repartir carnés somos nosotras».

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Carné de la Asociación Democrática de la Mujer Andaluza «Mariana de Pineda», 1976. Fuente: Archivo Personal de María José Palma Borrego.

Hace unos meses, durante una investigación sobre el movimiento feminista sevillano en la Transición, llegó a mis manos uno de aquellos carnés. Pero esta vez no era una metáfora: era un carné real, perteneciente a una «socia» de la Asociación Democrática de la Mujer Andaluza «Mariana de Pineda» (ADMA), una de las pocas organizaciones feministas sevillanas de aquellos años que expedía carnés a sus militantes. En él figuraban sus datos personales, su número de afiliación y las casillas destinadas a acreditar, mediante sellos, el pago de las cuotas a la asociación.

Margarita Laviana (Paco Sánchez) (1)

La ADMA fue creada en Andalucía en 1976 como parte de las Asociaciones Democráticas de la Mujer, impulsadas en distintos lugares de España por el Partido del Trabajo de España (PTE), partido de orientación marxista-leninista y maoísta. Su primera presidenta fue Margarita Laviana, militante del PTE. Pese a esta estrecha vinculación inicial, Laviana defendió una asociación abierta a mujeres de distintas procedencias políticas y no sometida a la hegemonía de un solo partido. Bajo su presidencia, las juntas directivas de la ADMA incorporaron a mujeres vinculadas a diferentes organizaciones políticas.

Margarita Laviana, primera presidenta de la Asociación Democrática de la Mujer Andaluza «Mariana de Pineda», 1977. Fuente: Archivo Histórico CCOO-A, Fondo Fotográfico Manuel Sanvicente Valonero.

A comienzos de 1977, las distintas Asociaciones Democráticas de la Mujer participaron en la creación de la Federación de Organizaciones Feministas del Estado Español (FOF), que aspiraba a convertirse en un referente del feminismo estatal. Las Asociaciones Democráticas de la Mujer trasladaron en buena medida a su funcionamiento una cultura organizativa próxima a la de los partidos políticos: afiliación, órganos directivos y estructuras territoriales coordinadas mediante una federación. En esta forma de entender la militancia adquiere pleno sentido aquel pequeño carné: acreditaba la condición de «socia» y materializaba la pertenencia individual a una organización feminista.

Sin embargo, dentro de la propia ADM andaluza estuvo presente uno de los grandes debates del feminismo de aquellos años: el que enfrentaba a las defensoras de la doble militancia —en los partidos políticos y en las organizaciones feministas— con quienes reclamaban una mayor autonomía del movimiento respecto de aquellos. En su vertiente más independiente y radical, esta posición cuestionó también las estructuras jerárquicas heredadas de la cultura política tradicional.

Concentración de la Asociación Democrática de la Mujer Andaluza «Mariana de Pineda», 1977. [Margarita Laviana, a la izquierda, con un megáfono]. Fuente: Archivo Histórico CCOO-A, Fondo Fotográfico Manuel Sanvicente Valonero.

Frente al modelo asociativo de las Asociaciones Democráticas de la Mujer, cobraron así impulso otras formas de organización: colectivos autónomos, pequeños grupos de funcionamiento asambleario y grupos de autoconciencia, que reivindicaban relaciones más igualitarias, rechazaban los personalismos y defendían su independencia de los partidos. En Sevilla, uno de los ejemplos más representativos fue el colectivo Prímula, formado a mediados de 1977.

Pancarta del colectivo Prímula en la primera manifestación por la libertad sexual en Andalucía que tuvo lugar en Sevilla el 25 de junio de 1978, organizada por el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria (MHAR). Fuente: Archivo General de Andalucía. Colección Mar Cambrollé. Fotografía: Francisco Mafera.

Décadas después, ambas formas de organización siguen presentes en el feminismo. En Sevilla, el Movimiento Feminista está organizado para que participen cientos de mujeres en sus actividades y reivindicaciones sin preguntar por sus inclinaciones políticas y la Asamblea Feminista Unitaria de Sevilla (AFUS), entre otras organizaciones, representa un modelo abierto y asambleario: la participación es individual, no exige la condición formal de socia y «cualquier mujer cis o trans puede acudir libremente y participar debatiendo propuestas, planeando acciones y construyendo caminos de autoconciencia y empoderamiento». Junto a este modelo continúan existiendo numerosas asociaciones de mujeres y feministas basadas en la afiliación de socias, con estatutos, órganos directivos y, en muchos casos, cuotas destinadas a sostener su actividad. Así como departamentos institucionalizados de mujeres dentro de partidos y sindicatos.

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La principal diferencia respecto al asociacionismo de los años de la Transición está en su progresiva institucionalización. El hoy llamado Instituto de las Mujeres estatal fue creado en 1983 y, en Andalucía, el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) se creó en 1988. Desde entonces, el IAM ha impulsado el asociacionismo de mujeres y ha creado cauces para su participación institucional, ofreciendo incluso modelos para constituir asociaciones y federaciones, elaborar estatutos o renovar sus juntas directivas, además de programas de apoyo y subvenciones. De este modo, una parte importante del asociacionismo de mujeres se desarrolla hoy dentro de un marco institucional inexistente cuando nació la ADMA.

1ª manifestación feminista en Zaragoza, organizada por la ADMA, exigiendo el divorcio (1978).

Cincuenta años después, aquel carné de socia de la Asociación Democrática de la Mujer Andaluza es mucho más que una curiosidad histórica. Nos habla de una determinada forma de entender la militancia feminista, basada en la pertenencia formal a una organización, pero también de un debate que sigue abierto. Hoy, dentro del movimiento feminista, coexisten distintas formas de organización y participación: desde asociaciones basadas en la afiliación formal de sus socias hasta asambleas abiertas, colectivos autónomos y redes de coordinación. Todas ellas responden, de manera diferente, a una misma cuestión: cómo organizar la participación y la acción colectiva feminista.

Quizá por eso seguimos hablando, aunque sea metafóricamente, de «carnés de feminista». Así, detrás de la expresión continúa latiendo una vieja cuestión sobre quién pertenece al movimiento, quién puede representarlo y quién tiene autoridad para decidir sus límites. Para ser feminista nunca hizo falta uno; para comprender cómo se ha organizado el feminismo, aquel pequeño carné todavía tiene mucho que contar.

Jesús Solís Ruiz es antropólogo, doctor en Historia e investigador de los movimientos feministas durante la Transición española

Fuentes:
Asamblea Feminista Unitaria de Sevilla (AFUS), «Cómo funcionamos», en:
https://afusevilla.jimdofree.com/qui%C3%A9nes-somos-afus/c%C3%B3mo-funcionamos/

Falcón, Lidia. «Si alguien tiene derecho a repartir carnés de feminismo somos nosotras», Diario de Cádiz, 28/10/2021.
https://www.diariodecadiz.es/cadiz/lidia-falcon-alguien-derecho-repartir-carnes-feminismo_0_1623739607.html

Freixas, Laura. «Carnets de feminismo», La Vanguardia, 11/03/2023.
https://www.lavanguardia.com/opinion/20230311/8815329/carnets-feminismo.html

González Vilariño, Bárbara. «¿Es aquí donde se dan los carnés de feminista?», elDiario.es, 26/11/2020.
https://www.eldiario.es/pikara/dan-carnes-feminista_132_6463266.html

(1) «Imprescindibles» ,de Kechu Arámburu, Ed. Fulmen

Jesús Solís Ruiz en Mujeres del Sur:

25 de junio 2026

https://https://mujeresdelsur.es/que-leer-34/