UNA LARGA Y CONTROVERTIDA HISTORIA, TAMBIÉN DENTRO DEL FEMINISMO
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Por Elena Barrera

Aunque hoy se asocia casi automáticamente al islam, el hiyab no nació como un símbolo religioso. Desde la antigüedad, cubrir la cabeza tenía funciones sociales: marcaba estatus, respeto y control del comportamiento femenino. En el Imperio Bizantino o la Roma tardía, por ejemplo, indicaba nobleza y decoro; en la Persia sasánida diferenciaba a mujeres de alto estatus. Solo con el tiempo y la expansión de religiones organizadas algunos de estos usos se incorporaron a normas doctrinales, en un proceso largo y diverso.
Con los siglos, el hiyab adquirió significados distintos según la época y la región. La investigadora Fátima Mernissi explicó cómo el cuerpo de las mujeres se convirtió en un campo de disputa política: en algunos contextos había que taparlo para “protegerlo”; en otros, destaparlo para mostrar modernidad. En ambos casos, el control social predominaba sobre la libertad individual de las mujeres.
Para regímenes patriarcales o modernizadores, el cuerpo femenino era una metáfora de la sociedad: lo que estaba “cubierto” o “descubierto” decía más sobre el orden social que sobre la voluntad de las mujeres.

Hoy, el uso del hiyab y otras prendas que cubren parcialmente o totalmente el rostro, como el niqab o el burka, se viven de maneras muy diferentes según el país. En la mayoría de los estados islámicos como Irán o Arabia Saudí, estas formas de cubrirse el rostro y el cuerpo son obligatorias para las mujeres por motivos religiosos, legales y culturales. En Europa, las restricciones afectan principalmente al burka o al niqab, que cubren completamente el rostro, y se aplican en algunos países, como Francia, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, Austria, Bulgaria, Suiza y Luxemburgo, por considerar que tales velos son un problema para la identificación de las personas. En cuanto al hiyab (pañuelo que deja el rostro visible) no entra en esa prohibición pero sí está vetado su uso en las escuelas laicas de primaria y secundaria de Francia y de algunas regiones de Alemani, Bélgica o Austria, donde no se permite ningún símbolo religioso: (crucifijo, Kipá…). Las escuelas privadas o religiosas suelen quedar fuera. No se aplica esta prohibición a las universidades. En el resto de los países europeos no existen prohibiciones de este tipo si bien cuando se implementa, se suele limitar a ciertos espacios públicos, como escuelas o edificios gubernamentales.
En España la prohibición del velo integral en espacios municipales ha sido propuesta por varios ayuntamientos, aunque el contexto legal es complejo y muchas de estas normas municipales han sido muy discutidas o incluso anuladas por los tribunales. Se trata de regular el acceso a edificios municipales exigiendo que el rostro esté descubierto por motivos de identificación y seguridad. El último intento de regular el uso del velo se ha producido, recientemente, en Rincón de la Victoria (Málaga), a instancias del grupo de Vox. Iniciativas similares han sido llevadas a los plenos de ayuntamientos como el de Martos (Jaén), Dos Hermanas (Sevilla), Torrent (Valencia) , Gijón, Sa Pobla y Felanitx (Mallorca), sin que haya prosperado en todos. En Lleida se aprobó restringir el velo pero el Tribunal Supremo anuló la ordenanza municipal en base a que los Ayuntamientos carecen de competencia para limitar un derecho fundamental como es el de la libertad religiosa, sin una Ley nacional previa que lo habilite expresamente.
Algunas autoras como Asma Lamrabet han señalado que criticar regímenes que imponen el uso del hiyab, al mismo tiempo que se apoyan leyes que lo restringen, podría reproducir dinámicas de control similares. Sin embargo, se reconoce que no son casos comparables y que existen diferencias importantes entre ellos No es lo mismo criticar la imposición de una prenda que simboliza la anulación de la mujer y que de hecho así lo hace en los países islámicos más radicales, que apoyar la limitación de dicha prenda por razones de seguridad o de otro tipo, que no tienen nada que ver con la opresión de la mujer. Por lo tanto, la libertad implica que cada persona pueda decidir sobre su vestimenta sin sufrir presiones externas, ya sean sociales, culturales o familiares. Bajo esta premisa, elegir usar hiyab o no usarlo refleja autonomía únicamente cuando no exista algún tipo de coacción. En contextos de presión social, familiar, religiosa o legal, la elección puede verse muy limitada o condicionada y se convierte en una imposición que contradice la defensa de los derechos de las mujeres.

No obstante en Europa, donde el hiyab se ha cargado de polémica asociada a la inmigración, la identidad nacional y la integración, las mujeres que lo usan voluntariamente, según algunos estudios, han sufrido experiencias de discriminación, acoso verbal o físico, y exclusión laboral. Por ejemplo, en Austria se registraron más de 1.000 incidentes islamófobos en su mayoría dirigidos a mujeres con hiyab (Ali, 2023). Investigaciones en Alemania, Países Bajos y España muestran que mujeres musulmanas que usan hiyab reciben menos respuestas de empleadores/as en procesos de selección (Berker, 2022). Además, estudios del Pew Research Center indican que en algunos países de Europa las mujeres son objeto de hostilidad por vestir de forma percibida como “demasiado religiosa” o “demasiado secular” (Pew Research Center, 2020). Como explica la historiadora Joan Scott, el debate sobre el hiyab no siempre trata de las mujeres que lo usan, sino de todo lo que se proyecta sobre él: inmigración, religión, miedo al cambio social. La prenda termina convirtiéndose en un símbolo que concentra problemas más amplios: desigualdades, exclusión y racismo.
No existe una única experiencia del hiyab. Para millones de mujeres es una imposición o presión; para otras, una decisión vinculada a la fe, la cultura o la identidad; y también se dan situaciones intermedias. Reducir todas estas vivencias a una sola lectura simplifica una realidad compleja. La polémica deja en el centro una pregunta clave:
¿Quién decide sobre el cuerpo de las mujeres?

Tanto la imposición como la prohibición reflejan lo mismo: la decisión deja de estar en manos de la persona afectada. Por eso, más que centrarse en la prenda, la discusión debe girar en torno a los derechos de las mujeres, su libertad individual y los límites del poder político, religioso o social. Pensadoras como Fátima Mernissi han destacado cómo normas religiosas y sociales han servido históricamente para controlar el cuerpo y la movilidad femenina, mientras que Nawal El Saadawi ha señalado que tradiciones y creencias pueden naturalizar la desigualdad, dificultando que las mujeres ejerzan su autonomía. Ambas coinciden en que el problema no es la fe o la cultura en sí, sino cómo se aplican estas normas y afectan a la vida de las mujeres.
Asimismo, Chandra Talpade Mohanty agrega otra perspectiva crucial: advierte sobre la tendencia de parte del feminismo occidental a hablar de “las mujeres del Tercer Mundo” como si fueran un grupo homogéneo de víctimas sin agencia propia. Según Mohanty, este enfoque simplifica la realidad: unas mujeres aparecen como libres y modernas, mientras otras se perciben como más vulnerables o necesitadas de rescate. Además, el riesgo no está solo en denunciar desigualdades, sino en hacerlo sin escuchar directamente a las mujeres implicadas, respetando su capacidad de decisión y reconociendo la diversidad de experiencias que pueden existir entre ellas. Esto se conecta con el debate del que venimos hablando ya que la discusión se orienta hacia quién tiene autoridad para determinar su uso, considerando distintos contextos culturales, religiosos y personales.

En definitiva, en el contexto europeo el debate sobre el velo va más allá de estar a favor o en contra. Se trata de una reflexión sobre los contextos de opresión, represión y control que afectan a los cuerpos y a las decisiones de las mujeres, así como de la importancia de la libertad, la igualdad, la identidad y la convivencia en sociedades diversas. Abordarlo con responsabilidad implica reconocer la complejidad, escuchar a las mujeres directamente involucradas y situarlas en el centro, con sus diferencias, matices y decisiones. Solo así es posible comprender la prenda como lo que es: un símbolo de opresión, pero también una cuestión de derechos y autonomía.
Elena Barrera Alonso es graduada en Trabajo Social y cursa máster de Género en la UPO
Notas:
- Fátima Mernissi (1940-2015) fue una influyente socióloga, escritora y pensadora feminista marroquí, considerada una de las principales impulsoras del feminismo islámico. Criada en un harén en Fez, centró su trayectoria intelectual en denunciar la misoginia y las estructuras patriarcales del mundo árabe, defendiendo que la subordinación de las mujeres no se origina en el islam en sí, sino en lecturas patriarcales de los textos sagrados.
- Joan Wallach Scott (nacida en 1941) es una reconocida historiadora estadounidense y una figura clave en el desarrollo de los estudios de género y la historia intelectual. Su trabajo ha sido fundamental para consolidar el género como una herramienta analítica esencial para interpretar la historia, mostrando cómo la diferencia sexual se emplea para organizar y legitimar relaciones de poder.
- Ali, R. (4 de abril de 2023). In Austria, women wearing headscarves face more anti-Muslim racism than men, says activist. Anadolu Agency. https://www.aa.com.tr/en/europe/in-austria-women-wearing-headscarves-face-more-anti-muslim-racism-than-men-says-activist/2858688
- Berker, M. (29 de julio de 2022). Estudio revela que musulmanas que usan velo son discriminadas en el mercado laboral de Alemania, Países Bajos y España. Anadolu Agency. https://www.aa.com.tr/es/mundo/estudio-revela-que-musulmanas-que-usan-velo-son-discriminadas-en-el-mercado-laboral-de-alemania-pa%C3%ADses-bajos-y-espa%C3%B1a/2646345
- Pew Research Center. (16 de diciembre de 2020). Women in many countries face harassment for clothing deemed too religious – or too secular. https://www.pewresearch.org/short-reads/2020/12/16/women-in-many-countries-face-harassment-for-clothing-deemed-too-religious-or-too-secular/
- Nawal El Saadawi (1931–2021) fue una médica, escritora y feminista egipcia. Criticó abiertamente el patriarcado, la violencia contra las mujeres y el uso de la religión para justificar su opresión, lo que le valió censura, persecución y cárcel.
- Chandra Talpade Mohanty (Mumbai, 1955) es una destacada teórica feminista postcolonial y transnacional, reconocida por su crítica a la universalización de las experiencias de las mujeres por parte del feminismo occidental. Es profesora de sociología y estudios de género en la Universidad de Syracuse.
- Asma Lamrabet es médica, escritora y una destacada activista del feminismo islámico. Su trabajo se centra en reinterpretar el islam desde una perspectiva que promueva la igualdad de género y los derechos de las mujeres, cuestionando las interpretaciones tradicionales que justifican desigualdades.
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