«EL PLAN PATRIARCAL«

Por Yolanda de la Bandera

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Algo curioso está pasando con la palabra feminismo:
Muchísima gente dice creer en la igualdad entre hombres y mujeres, pero cada vez menos personas quieren llamarse feministas. La idea gusta. La palabra incomoda. Y eso no es casualidad.
En los últimos años se ha instalado una estrategia muy clara: separar la igualdad del feminismo. Que la gente defienda la primera mientras empieza a desconfiar de lo segundo.
Los datos lo reflejan. Algunos estudios ya hablan de una polarización generacional. Entre 2020 y 2023, el apoyo al feminismo entre jóvenes bajó del 64 % al 54 %. Es decir, muchos jóvenes siguen creyendo en la igualdad, pero se distancian de la etiqueta feminista.
La igualdad sigue teniendo apoyo, pero el feminismo se está convirtiendo en una palabra cada vez más cuestionada.
Y esto tampoco es casualidad. Es una estrategia del patriarcado para acabar con la igualdad desacreditando al feminismo.
Mientras tanto, los partidos fascistas ponen su granito de arena. En los territorios donde gobiernan lanzan campañas por el 8M en las que eliminan el color morado para borrar su identidad, cambian los lemas de lucha por piropos y recuperan estereotipos para definir a las mujeres.
Y mientras todo eso pasa, el mensaje que se repite constantemente en el espacio público es: “El feminismo está dividido”. Una y otra vez. Tanto se repite que ha terminado calando incluso entre muchas compañeras de lucha, que empiezan a creer que realmente estamos divididas.

Pero NO.
Compañeras: el feminismo está unido. No os dejéis engañar ni confundir. Porque asumir lo contrario es el primer paso para destruirnos. Divide y vencerás. Y eso no puede pasar.
Las mujeres feministas luchamos por una sociedad en la que las mujeres seamos iguales a los hombres. Si la balanza se inclina hacia un lado o hacia otro, ya no hablamos de igualdad: hablamos de extremos. De machismo por un lado o de hembrismo por otro.
Curiosamente, este último término ni siquiera está admitido por la RAE. Y más allá de la anécdota lingüística, esto también contribuye a algo que vemos cada vez más: la confusión deliberada entre conceptos. Se mezclan términos, se inventan definiciones o se repiten interpretaciones erróneas hasta que la sociedad ya no sabe exactamente qué significa cada cosa.
Así aparece la idea de que el feminismo es lo contrario del machismo, o que busca la supremacía de las mujeres sobre los hombres. Pero eso no es feminismo.
Cuando se manipulan o se distorsionan las palabras, lo que se consigue es vaciar de contenido los conceptos. Y cuando la gente ya no tiene claro qué significa feminismo, resulta mucho más fácil desacreditarlo.

Es importante hablar con claridad: no todo puede llamarse feminismo.
Las feministas defendemos algo muy sencillo: que el sexo no determine la posición social ni los roles de las personas. Defendemos que el cuerpo de las mujeres no sea objeto de compra ni de acceso sexual mediante pago. Defendemos que ser mujer no es un sentimiento. Y defendemos que la capacidad reproductiva de las mujeres no debe convertirse en un contrato ni en un mercado.
Por eso hablamos de abolicionismo: de abolir el género, el sistema prostitucional y los vientres de alquiler.
Cualquier propuesta que legitime estas prácticas o que niegue la realidad material de las mujeres no es feminismo, aunque se presente como tal.
Cada 8 de marzo se organizan manifestaciones en todas las provincias de nuestro país. Son espacios para recordar los avances que lograron las mujeres que nos precedieron y para seguir reclamando todo lo que todavía queda por conquistar. Sin embargo, en muchos lugares se insiste en el mismo mensaje: que el feminismo está dividido porque hay dos manifestaciones el mismo día, supuestamente luchando por lo mismo.
Pero eso tampoco es verdad.
Por ejemplo, en Sevilla, desde hace años hay dos convocatorias.

En 2026, la manifestación bajo el lema “Atacan nuestros derechos, las mujeres respondemos” defiende valores feministas y abolicionistas: no a los vientres de alquiler, no al género, no a la prostitución.
La manifestación convocada bajo el lema “Frente a las violencias fascistas, trenzamos resistencias feministas” defiende otra cosa: la regulación de los vientres de alquiler, la teoría de género y la regulación de la prostitución.

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Por eso no se puede pedir que ambas manifestaciones se unan. Puede que haya puntos en común, pero la base ideológica es completamente distinta. No se puede dividir algo que no está unido, ni unir algo que parte de principios opuestos.
Una manifestación defendía el abolicionismo y la otra la regulación.
Con orgullo hemos podido comprobar que la sociedad sevillana es mayoritariamente feminista y abolicionista, como demuestra que hayamos vivido una de las manifestaciones abolicionistas más multitudinarias de los últimos cinco años
Los partidos, sindicatos y organizaciones que se dicen feministas -y por tanto abolicionistas- se equivocan cuando intentan quedar bien con todo el mundo asistiendo a ambas manifestaciones o apoyando convocatorias que contradicen sus propios principios. Lo hacen para contentar a todas, para salvar su imagen o para ser protagonistas un día más, sin tener en cuenta que, en una jornada como esta, los personalismos deberían quedar atrás en favor de un protagonismo colectivo; el de todas las mujeres que forman parte de esta lucha.
O empezamos a hablar con claridad sobre qué es feminismo y qué no lo es, o el patriarcado terminará borrándolo.
Porque cuando todo se llama feminismo, nada lo es.
Y si dejamos que cualquiera lo defina, el patriarcado no tendrá que destruirlo: bastará con vaciarlo.
Y un feminismo vacío de significado no amenaza a nadie.
Yolanda de la Bandera es feminista y militante socialista
Yolanda de la Bandera Corpas en Mujeres del Sur:
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