Mujeres del Sur

Helga Flamtermensky:

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«Queremos posicionar el rol de mujeres inmigrantes y refugiadas como constructoras de paz»

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Por 
Alicia Oliver

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Nacida en Colombia y de formación historiadora, Helga Flamtermensky lleva más de 25 años residiendo fuera, la mayor parte del tiempo en Cataluña, donde se ha dedicado al tema intercultural y la salud mental en personas migrantes y refugiadas. Así, ha realizado tres posgrados, un master y finalmente, el doctorado en Psicología Social.
Activista social por los derechos de las mujeres migrantes, Flamtermensky es fundadora y coordinadora de Dona Diàspora, una organización que “trabaja para convertir las experiencias de las mujeres en conocimiento y ese conocimiento en herramientas que puedan ser transferidas a otras mujeres.”

Cómo surge Mujer Diáspora?
-Cuando empezó el proceso de paz en Colombia, las colombianas empezamos a movilizarnos más y creamos una iniciativa llamada la Comisión de Verdad y Memoria de las Mujeres Colombianas en el Exterior, así con el nombre tan extenso, pero era para que las mujeres sintieran que estaban apropiándose de cada una de estas palabras. Y como iniciativa social, una vez ya consolidada, -empezamos en Londres y en Barcelona- pasamos a llamarnos Mujer Diáspora, ya que unas mujeres se reconocían como exiliadas, como refugiadas, como migrantes, como víctimas, pero otras no, y en cambio, la palabra diáspora nos permitía resignificar nuestro papel hacia el país es todo un estigma, y ​​podíamos posicionarnos de otra forma.

Por lo que explicas, parece que había muchas sensibilidades, ¿no?
-Pues sí, siendo respetuosas, nuestro objetivo era poder escucharnos todas. Podíamos tener distintos intereses políticos o posicionamientos, pero somos una organización feminista, aunque también trabajamos con mujeres que no lo son. Decidimos que en nuestros espacios pudieran venir mujeres sin importar si habían sido víctimas de la izquierda, víctimas de la derecha, es decir víctimas de la guerrilla, de los militares o de los paramilitares o que no supieran quién había sido su victimario, sin importar qué ideología tuvieran. Esto nunca fue el centro, ni definía el diálogo. Se trataba de ser capaces de escuchar y dialogar sin importar de dónde veníamos.

Háblanos de la metodología que utilizó.
-Desarrollamos una metodología específica que se llama “memoria activa”, y después de muchos años, la hemos sistematizado. El Instituto Catalán Internacional para la Paz (ICIP) la publicó. Es una metodología que es sobre todo feminista y psicosocial, de carácter sensorial. Por ejemplo, en el caso de las mujeres colombianas, cuando empezamos con ellas, los diálogos estaban en torno a la comida y eso desarmaba cualquier intención, cualquier malestar de encontrarse con alguien con quien ideológicamente no te sentías cómoda. Era algo muy consciente y manteníamos los sentidos despiertos para generar alegría, disposición para hablar, para escucharnos. Y lo hacíamos a base de muchos estímulos, desde la comida al cocinar juntas, la música, pequeños objetos de decoración que te hacen guiños a tus recuerdos… Es un trabajo también que busca activar determinados neurotransmisores para generar confianza que es algo que no tenemos, al menos, en Colombia ya que la guerra nos lo quitó. Pretendemos generar confianza entre mujeres desconocidas.

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De alguna forma has conseguido juntar ambas profesiones: la de historiadora y la de psicóloga social.
-Pues, sí y en principio, no tenía ganas de trabajar con mujeres colombianas ya que la situación me dolía. Pero cuando empezó todo el tema de paz y empezamos a realizar la Comisión de Verdad fue para mí un regreso también a Colombia, a través del trabajo que hicimos, de los relatos que podíamos escuchar. Quizás lo que más nos impactaba era cómo muchas mujeres habían roto su relación con el país, y llevaban más de 20 o 30 años sin volver, sin tener ningún tipo de contacto con el país. Fue impresionante, y ver también cómo después cambiaron su perspectiva y han vuelto como algo sanador.
Fue impactante también comprobar, desgraciadamente, que la violencia sexual era mucho mayor de lo que nosotros imaginábamos, y como las mujeres, aún viviendo historias tan terribles, eran capaces de narrar su historia, no desde el dolor, sino como auténticas guerreras, transmitiendo fortaleza, y esto fue muy importante para nosotros.

¿Cómo ves al país en la actualidad con los últimos atentados y asesinatos que ha habido?
-Lo fácil era pensar ya que Colombia ha firmado los Acuerdos de Paz, porque hay paz, pero esto no funciona así. Fue un alto el fuego, como el que está ocurriendo ahora en Gaza. La paz es cuando la gente puede volver a sus hogares sin problemas. Los niveles de violencia tal vez hayan disminuido por parte de un grupo armado, pero sigue habiendo mucha violencia. Hay cosas que han cambiado, efectivamente, porque existe todo un aparato para la implementación de la paz que funciona, pero existen los niveles de violencia y una cultura que está muy arraigada a la dinámica de la guerra, del narcotráfico y esto es muy difícil de controlar. Por tanto, todavía hay mucha gente que necesita ayuda, que debe salir huyendo de sus territorios, y por eso digo que retornar no es una opción ahora mismo.

Este año se han cumplido 25 de la aprobación de la resolución 1325 de Naciones Unidas sobre Mujeres, Paz y Seguridad. ¿Las mujeres colombianas participaron de forma activa en el proceso de paz, tal y como insta esta resolución?
-Nosotros formamos parte de la Red Latinoamericana de Mujeres, Paz y Seguridad donde representamos a la diáspora latinoamericana y este año hicimos un informe con varios países latinoamericanos sobre cómo se ha implementado la 1325 en nuestros países. En el caso deColombia, 1325 ha sido fundamental para el movimiento de mujeres. Siempre se han sentido protegidas, como si tuvieran un paraguas internacional fuera del gobierno colombiano, para poder poner sobre la mesa las violencias que estaban viviendo las mujeres, los feminicidios, la violencia sexual… Darles marcos legales como esta resolución ha sido fundamental, y esto ha sido así gracias al movimiento de mujeres que está siempre insistiendo.

Supongo que existe una relación entre las mujeres colombianas de la diáspora y las que permanecen en el país, ¿no?
-Siempre hemos estado muy en contacto con todas las organizaciones de mujeres, pero tenemos una relación muy cercana conCiase, que es una organización feminista y con ella trabajamos mucho de la mano desde hace muchísimos años. También con otras organizaciones comoMujer y Futuro, de Bucaramanga. Siempre hemos vuelto a realizar activismo desde la diáspora, a través de los afectos, con quienes tenías más cercanía, y así hemos ido conociendo a otras organizaciones. Aunque no fue fácil que desde Colombia reconocieran que nosotros teníamos, también, derecho a participar dentro del país; esto nos ha tocado discutirlo bastante, pero fuimos posicionando el concepto de diáspora y, por ejemplo, hoy en día el Ministerio de la Cancillería habla ya de diásporas, y hay políticas, hay representantes de las personas en el exterior. Se ha avanzado, pero en un principio sólo nos veían como migrantes que enviaban sus remesas y nada más.

Hablando de diásporas ¿tiene relación con mujeres de otras diásporas?
-Nosotros empezamos con laComisión de las Mujeres, después llegó laComisión de la Verdad del Gobierno colombiano, donde también participamos, y tomamos testimonios para el gobierno a víctimas ya victimarios, y una vez terminado este proceso, algunas de nosotros decidimos que no queríamos trabajar sólo con Colombia. Por eso, desde 2018, hemos estado trabajando con mujeres de otras diásporas, con mujeres deUcrania, de Siria, de Líbano, de Nicaragua, de Afganistán… Trabajamos de forma muy tranquila, desde la seguridad y haciendo las cosas de manera diferente a lo que se espera de las migrantes que es hacer talleres y sensibilización. Sin embargo, nosotros nos reunimos en pequeños espacios, haciendo incidencia de bajo perfil para posicionar el rol de mujeres inmigrantes y refugiadas como constructoras de paz, porque sólo se nos reconoce como migrantes, y no es el rol que queremos. Creemos que Cataluña debe incluir la perspectiva de construcción de paz en las políticas de atención a migrantes y refugiadas. Si son personas que vienen huyendo de guerras, deben ser atendidas desde una perspectiva de paz.

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¿Qué nexos de unión puede encontrar entre las diferentes diásporas?
-Es increíble, cuando empezamos a encontrarnos entre nosotros, yo pensaba que iba a ser muy diferente, y en realidad no es así. Sobre todo porque trabajamos con motivos muy desde la parte afectiva y siempre decimos que las mujeres cargamos con heridas físicas, cognitivas, emocionales, espirituales. Y cuando pones esto sobre la mesa, todas las mujeres se sienten identificadas, y empezamos a encontrar muchas cosas en común, muchas. Y creamos espacios tranquilos y seguros, no gigantes, porque ahora mismo lo que cuenta es la seguridad y el cuidado.

Y si trabaja en pequeños espacios y con perfil bajo, ¿Cómo contacta con las mujeres? ¿Cómo llegan a conocer sus proyectos?
-Bien, ahora mismo, nos conocen bastantes mujeres. Con ellas estamos haciendo trabajo de memoria histórica, porque creemos que las mujeres tienen una historia que contar y cuando la cuentan existe un proceso de sanación, de liberarse, o de posicionarse históricamente.
Aquí hicimos un trabajo muy bonito, fue el primero que realizamos con las mujeres de diferentes diásporas: revisar los distintos planes de acogida a personas inmigrantes y refugiadas. Primero, identificando qué derechos humanos no encontraban en estos planes y después, el análisis emocional. Y en lugar de hacer un informe -que nosotros ya no hacemos- lo convertimos en arte, ya que tenemos una línea que se dice “Ante el dolor, belleza”, donde reconocemos que todas venimos de contextos complejos, de diferentes lenguas, que somos diversas, pero que hay cosas que nos unen. Y, por ejemplo, encontramos que la poesía nos permitía recoger el impacto que tenía la lectura hacia la política pública catalana de la atención a personas migrantes y refugiadas. Fue precioso, hicimos poesía. Y con esto hemos ido dialogando con los distintos actores catalanes, a través de la poesía.

Alicia Oliver es periodista, miembro de Xarxa Europea de Dones Periodistes y de la Red Internacional de Mujeres Periodistas con Visión de Género (RIPVG).

Entrevista compartida publicada en el boletín n. 2 de VISIBILIZANDO LA DIVERSIDAD