Mujeres del Sur

LLueven condenas

PENAS DE CÁRCEL POR DELITOS SEXUALES PARA RAFA MIR, MARIUS BORG Y TOMAS RUNSTEN (el Pélicot sueco)

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.- Rafa Mir fue nombrado Machista del Mes en Mujeres del Sur cuando se conocieron sus agresiones sexuales hoy condenadas, en septiembre de 2024.

.-Marius Borg Høiby, también Machista del Mes en Mujeres del Sur en agosto de 2025, ha sido condenado por dos de las cuatro violaciones denunciadas, al tiempo que su madre, la princesa Mette-Marit de Noruega se veía sometida a un proceso de transplante pulmonar.

.-Tomas Runsten, un hombre sueco de 61 años residente en la región de Ångermanland, ha sido condenado por proxenetismo agravado, intento de violación, amenazas y malos tratos contra su esposa, a la que organizó durante años encuentros sexuales de pago con numerosos hombres, ejerciendo sobre ella violencia, intimidación y manipulación.

.- Entre las condenas recientes también hay que citar la sufrida, en este caso por la vía civil, por las conocidas como «Monjas de Belorado», obligadas a dejar el convento en el que residen después de desafiar al arzobispado de Burgos, dueño absoluto del edificio según la Audiencia Provincial.

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RAFA MIR

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«¿QUÉ HACER CON UN FUTBOLISTA CONDENADO?», SE PREGUNTAN EN EL SEVILLA

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La condena a ocho años y medio de prisión que acaba de imponerse a Rafa Mir, jugador sevillista -con contrato en vigor- y cedido al Elche para la temporada 2025-2026, se suma a la nutrida lista de problema que enfrenta en los últimos tiempos el equipo hispalense. «No sabemos qué hacer con él», confiesan a Mujeres del Sur fuentes del club. «Vamos a esperar que haya sentencia firme, porque él va a recurrir esta condena. En todo caso, es un marrón para el Sevilla porque no juega, no debería jugar y… habrá que pagarle», añaden.

En un comunicado, el Sevilla F.C. expresa su “máximo respeto” al procedimiento judicial, condena de forma “firme y rotunda cualquier tipo de violencia, abuso o agresión sexual” y subraya que este tipo de conductas «no tienen cabida en la sociedad ni en los valores del deporte”. En paralelo, diversas fuentes apuntan a que el club está estudiando medidas deportivas y contractuales en función del resultado final de los recursos presentados por el futbolista».

EL FÚTBOL, GUARIDA DE MACHISTAS

Rafa Mir

La condena del futbolista Rafa Mir -sea o no firme- por agresión sexual y lesiones contra una mujer, llega después de un proceso judicial en el que el tribunal consideró acreditados los hechos denunciados por la víctima. La pena que se le ha impuesto tiene enorme repercusión social por la condición de deportista de élite del condenado. Sin embargo, una mirada feminista del asunto exige desplazar el foco del prestigio del agresor y ponerlo sobre el sufrimiento de la la víctima, a la que se suele relegar a un segundo plano cuando frente a ella -y por agredirla, que no se olvide- alguien ve su carrera truncada.

También esta condena vuelve, una vez más, a interpelar al mundo del fútbol, ese espacio que va más allá del deporte noble para cultivar en su césped artificial, temporada tras temporada, el germen del machismo más tradicional, con el agravante de que sus organizadores e impulsores vienen demostrando históricamente su absoluta inutilidad para resolver esta atávica y criminal práctica con la contundencia necesaria.

Cada sentencia que reconoce una agresión sexual por parte de un deportista y respalda a la víctima, constituye un recordatorio tajante de que los derechos de las mujeres no pueden seguir siendo avasallados bajo el pretexto del dinero, la celebridad o el número de goles encajados.

Es hora de que el fútbol incluya entre sus retos el fin de la violencia contra las mujeres si no quiere encontrarse partido a partido y en todas las competiciones, al feminismo en el punto de penalti.

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MARIUS BORG HOIBY

CONDENADO POR VIOLADOR MIENTRAS SU MADRE SE RECUPERA EN LA UCI DE UN TRASPLANTE DE PULMÓN

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El hijo mayor de la princesa de Noruega, Marius Borg Høiby, ha sido condenado el 15 de junio pasado por el Tribunal de Distrito de Oslo a cuatro años de prisión tras el juicio en el que fue declarado culpable de dos delitos de violación, además de otros relacionados con violencia en relaciones de pareja, agresiones, amenazas y comportamientos abusivos. En total, 34 cargos, la mayoría por violencia sexual.

Cuando se conocía el veredicto contra Marius, su madre, la princesa Mette-Marit, estaba sometiéndose a un proceso de trasplante de pulmón. Con 52 años, la probable futura reina de Noruega, esposa de Haakon, el príncipe heredero, padece fibrosis pulmonar crónica desde 2018, una enfermedad progresiva que provoca cicatrices en los pulmones y dificulta cada vez más la respiración. Los médicos calificaron su situación como potencialmente mortal y señalaron que había sufrido un deterioro acelerado durante los últimos meses. Finalmente, el 17 de junio se informó de que había sido sometida con éxito a un trasplante de pulmón en el Hospital Universitario de Oslo. La intervención salió bien y su estado fue descrito como estable, aunque deberá permanecer ingresada varias semanas para ajustar la medicación inmunosupresora, prevenir complicaciones y realizar rehabilitación.

Princesa Mette-Marit de Noruega

La coincidencia de ambos acontecimientos ha generado una intensa atención mediática. Mientras la princesa afronta una compleja recuperación física que marcará el resto de su vida, también se ve obligada a la vez a gestionar una crisis familiar de enorme dimensión personal y pública. Que te metan a un hijo en la cárcel no ayuda en ninguna recuperación y Mette Marit se convierte así en una mujer revictimizada: a su enfermedad se le suman ahora las explicaciones sociales y responsabilidades morales más o menos implícitas que se exigen a la mayoría de las madres y rara vez a los padres, cuando hay un delincuente en casa. «¿Qué hice mal?» es sin duda la pregunta que se habrá hecho la princesa nada más salir de la anestesia, un interrogante que atormenta a nobles y plebeyas en situaciones similares.

Aunque el caso es complejo, no se puede tampoco restar gravedad a los delitos cometidos ni olvidar a las víctimas de las fechorías de Borg, que merecen la máxima atención y reparación. Si la cultura patriarcal ha depositado históricamente sobre las mujeres la responsabilidad casi exclusiva de los cuidados y de la educación emocional de los hijos, convirtiéndolas después en sufridoras de la culpa cuando estos se equivocan, la justicia feminista está obligada a identificar responsabilidades concretas y a garantizar que el centro del relato siga ocupado por las víctimas por mucho que las madres, sanas o enfermas, también lo sean.

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TOMAS RUNSTEN

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EL «PÉLICOT DE SUECIA», CONDENADO A 4,5 AÑOS DE CÁRCEL POR PROSTITUIR A SU MUJER

En el norte de Suecia, un tribunal de Ångermanland ha condenado a Tomas Runsten, de 60 años, a cuatro años y cinco meses de prisión por prostituir a su esposa durante tres años con decenas de hombres. La investigación concluye que el condenado le organizó a su mujer encuentros sexuales con terceros, obteniendo beneficios económicos, mientras ejercía un fuerte control sobre la víctima. El caso ha sido bautizado como el «Pèlicot sueco» por las similitudes con el que fue juzgado en Francia en septiembre de 2024.

VIOLENCIA COERCITIVA

En el juicio francés se probó que Dominique Pélicot drogó durante casi una década a su esposa para dejarla inconsciente y facilitar que decenas de hombres la violaran, hechos por los que fue condenado a 20 años de prisión junto con otros numerosos acusados. En el caso sueco, la condena se ha centrado en el proxenetismo agravado, la violencia y el control coercitivo ejercido sobre la víctima, aunque la fiscalía también sostuvo que el acusado facilitó relaciones sexuales sin un consentimiento libre de su esposa.

En la causa se incluía a 120 sospechosos, pero la mayoría no fueron acusados formalmente porque el delito prescribe pasados dos años. Según explica el propio juez del caso, Johan Ahlberg, en un comunicado,

«Fue el hombre el que influyó e indujo a su esposa a realizar actos sexuales consigo misma, transmitirlos por internet, recibir a compradores de servicios e intentar que vecinos y clientes tuvieran sexo con ella».

Runsten estuvo vinculado en el pasado a la banda de moteros «Ángeles del Infierno«, y ya fue condenado entre otros delitos por maltrato y coerción, cumpliendo una pena de cárcel de cinco meses.

El caso «Pélicot sueco» pone de relevancia que donde hay control sostenido, miedo y dependencia, no existe consentimiento porque no hay libertad para decidir. También que la violencia coercitiva -que desde tantas formas se ejerce contra las mujeres- es una realidad imposible de obviar a la hora del análisis jurídico y social de una agresión y que la violencia contra las mujeres se presenta más veces de las que imaginamos no como un acto aislado sino consumada durante años, sin ser descubierta ni detectada.

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MONJAS DE BELORADO

IGLESIA, PODER Y MUJERES

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Lo que comenzó en mayo de 2024 como una ruptura doctrinal con la Iglesia católica ha terminado por convertirse en uno de los conflictos religiosos y judiciales más insólitos de la España reciente. Las conocidas como exmonjas de Belorado dejaron la doctrina papal para pasar a la de la llamada «Pía Unión Sancti Pauli Apostoli», un grupo liderado por Pablo de Rojas. Esta decisión provocó su excomunión por cisma. Tras abandonar su obediencia al Vaticano y rechazar por ello la autoridad del arzobispo de Burgos, han desencadenando una batalla legal que, dos años después, ha concluido con la pérdida del monasterio que habitaban y en el que se querían quedar viviendo. Además se las condena al pago de las costas judiciales. Las exmonjas reclamaban la propiedad del Monasterio de Santa Clara (también conocido como Monasterio de Nuestra Señora de Bretonera) ubicado en la localidad burgalesa, además del Convento de Santa Clara en Orduña (Vizcaya).

Los tribunales han dado la razón al arzobispado de Burgos porque consideran que las religiosas no podían ocupar un inmueble perteneciente a la Iglesia católica después de haber roto formalmente con ella y las obliga por sentencia al desalojo del convento, por lo que se cierre una etapa marcada por recursos judiciales, enfrentamientos mediáticos y una profunda división interna entre las monjas rebeldes y las autoridades eclesiásticas.

Convento de Santa Clara en Orduña (Vizcaya).

Por su parte las exmonjas defienden que el monasterio no existe al margen de su comunidad religiosa, porque ellas lo han sostenido con su trabajo y su gestión cotidiana durante años y por eso cuestionan la autoridad de la Iglesia para expulsarlas. Entienden que al abandonar su obediencia al Papa dejaron de reconocer la autoridad del arzobispo de Burgos y del comisario pontificio nombrado para gobernar el monasterio y consideran que el conflicto es religioso y no patrimonial. Sin embargo, los tribunales insisten en que el monasterio pertenece jurídicamente a una entidad integrada en la Iglesia católica y que, al abandonar formalmente esa institución, las religiosas dejaron de representar legalmente a la comunidad titular de los bienes.

CON LAS MUJERES PERO SIN LAS MUJERES

Las protagonistas de esta historia son mujeres que durante décadas han pertenecido a una institución en la que las decisiones fundamentales han estado reservadas a hombres ordenados como sacerdotes u obispos. Eso no significa que las exreligiosas tengan razón en todas sus reivindicaciones ni que las resoluciones judiciales carezcan de fundamento, pero sí pone de manifiesto la tensión histórica que internamente existe en el seno de la Iglesia católica con las mujeres, religiosas o no, tirantez que oficialmente desde el clero no se quiere reconocer y, ni mucho menos, resolver.

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Entre los muros de ese monasterio burgalés se ha librado un litigio jurídico que encubre la gran contradicción que mantiene la Iglesia con sus feligresas dentro de la institución, discordancia que se viene denunciando desde varias organizaciones internas con postulados feministas. Mientras cuenta desde hace siglos con miles de mujeres sosteniendo comunidades religiosas, educativas y asistenciales, su limitación a la hora de tomar decisiones es prácticamente nula. Por eso, cuando surge un conflicto con las fieles -aunque sean escindidas de Roma- el poder institucional se mantiene abigarrado a las estructuras masculinas, con la suerte de disponer además del apoyo del sistema, de tal forma que la igualdad real y la formal entre mujeres y hombres en el seno eclesial seguirán por los siglos de los siglos siendo una asignatura pendiente.

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