
MACHOTES DE PELO EN PECHO
«Hay quienes se depilan o se someten a cuidados y cirugías estéticas, y si, pese a todo ese esfuerzo, no consiguen llevarse a la hembra deseada a la cama, también generan un odio contra ellas que nace de la impotencia».
Por Cristina Martín

Ha llegado a mi conocimiento, con estupor, el malestar y la organización que están llevando a cabo algunos hombres en contra de las mujeres. “Activistas por los derechos de los hombres”, se proclaman.
Suyas son estas frases: «las mujeres se merecen que las violen». «Como vuelva a cabrearte, la mandas al hospital». «Son todas unas putas zorras». «Son parásitos peligrosos. Tóxicas y enemigas de los hombres». Las mujeres se agrupan en: «Insípidas, egocéntricas o promiscuas», con esa agresividad esos hombres no dejan mucho margen a la benevolencia.
El odio a las mujeres está presente y es muy potente.
¿Cómo es posible haber llegado a semejante situación? Las mujeres somos sus abuelas, sus madres, sus hermanas, sus hijas…Responder con violencia a la violencia nos haría entrar en un bucle del que sería difícil salir…Tratemos de comprender…
No niego que algunas posiciones del movimiento feminista pueden haber herido algunas sensibilidades. Pero no olvidemos que, en todo movimiento reivindicatorio, hay siempre una punta de lanza, y que esa punta de lanza lo constituye menos de un 10%, frente al 90% restante. Y el 90% restante solo desea la igualdad, que no es sino justicia, y la reivindica de forma pacífica.

Es cierto que, en la actualidad, ocurre algo que no ocurría antes. La mujer en el pasado se veía constreñida a elegir marido o a quedarse soltera. Y, si se quedaba soltera, dependía de la caridad familiar toda su vida y era menospreciada. Así que todas se sometían y transformaban su vida en la consecución de una meta: casarse. Si el marido era feo, se aguantaban. Incluso decían aquello de: el hombre y el oso, cuanto mas feo mas hermoso. Con eso, se entendía que lo importante eran sus cualidades, la belleza entraba poco en juego en esa selección.
Las normas han cambiado. Las mujeres hoy no tienen que elegir un proveedor, puesto que se han independizado económicamente. Y si no quieren casarse, nadie las va a menospreciar. Eso marca la diferencia. Hoy las mujeres eligen a los hombres que les gustan. Y esos ejemplares cumplen con unos cánones de belleza, a menudo, harto caprichosos.

La consecuencia de esa elección es el pequeño porcentaje de hombres, un 20%, que consigue ligar. Los demás van de fracaso en fracaso, lo cual les genera mucho resentimiento.
En la naturaleza ocurre. No hay más que mirar un programa de la 2, para descubrir lo mucho que nos parecemos a los animales.
El macho alfa es el que se lleva a las hembras por delante, a todas. Los demás, a mirar.
También es verdad que el macho Alfa debe competir y luchar por su harén y que, eso, con frecuencia le cuesta la vida, pero lo hace con gusto. Eso son las reglas del juego en el reino animal, pero no las nuestras.

Los machotes de pelo en pecho poco o nada tienen que hacer para seducir a las hembras actuales, pues su masculinidad exacerbada ya no se lleva. Hay quienes se depilan o se someten a cuidados y cirugías estéticas, y sí, pese a todo ese esfuerzo, no consiguen llevarse a la hembra deseada a la cama, también generan un odio contra ellas que nace de la impotencia.
Los humanos, se supone, estamos por encima de esos parámetros. Conquistar a una mujer no es solo llevarla a la cama, es seducirla. Y, la seducción y la sexualidad, olvidan esos hombres resentidos y cargados de odio, está localizada, sobre todo, en el cerebro.
Cristina Martínez Martín es escritora, profesora jubilada, empresaria y feminista.