Mujeres del Sur

MUCHO QUE DECIR

FERIA, FÚTBOL Y MUJERES

Por Cristina Martínez

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Sevilla ha vivido en las vísperas de la Feria de Abril 2026 -que acaba de concluir- una explosión de júbilo con motivo de la reciente final de la Copa del Rey de fútbol. Y otra parecida el viernes de feria tras el empate del Betis ante el Real Madrid, ambos partidos en el estadio de La Cartuja. El ambiente hubiera rozado el paroxismo si por casualidad se hubiese celebrado un derby entre los equipos locales. Afortunadamente no.
Pero la ciudad se desbordó con la llegada de aficionados del País Vasco y de Madrid. Para muchos hosteleros, una bendición. Para los vecinos del centro, una pesadilla conocida: toneladas de basura, orines en cada esquina y griterío hasta altas horas de la madrugada. A la avalancha de turismo que ya amenaza con diluir la identidad de Sevilla se sumó esta marea futbolística, que para algunos tuvo tintes de plaga bíblica.

Afición del Atlético de Madrid en Sevilla

Hay psicólogos que consideran el fútbol un mal menor; incluso un bien social, en la medida en que canaliza la agresividad colectiva. “Si no existiera, habría que inventarlo”, dicen los aficionados. Una válvula de escape en una sociedad cada vez más tensionada. Gracias al fútbol —añaden— no ocurren cosas peores. En definitiva, lo consideran: una versión festiva de la guerra. No siempre tan festiva añado: la policía interceptó a algunos hinchas con cuchillos, cadenas y porras.
Y en todo esto, ¿Dónde están las mujeres?
Viene a la memoria aquella canción de los años sesenta: “¿Por qué, por qué los domingos por el fútbol me abandonas? No te importa que me quede en casa sola…”. Durante décadas, ese fue el reparto de papeles: ellos en el estadio, ellas en casa, al cuidado de los hijos. Sin queja posible; al fin y al cabo, eran ellos quienes traían el sustento.

Ama de casa años 60

Hoy el panorama ha cambiado. Las mujeres también trabajan, también sostienen hogares y también van al fútbol: con sus parejas, con sus padres, con amigos. Forman parte de esa multitud que se entrega en los estadios y en las calles, diluyendo su individualidad en la masa. Porque la afición tiene algo de secta: la pasión anula el razonamiento y no admite fisuras.


Pan y circo, decían los romanos para mantener al pueblo bajo control. Aquí podríamos hablar de fútbol —y quizá de toros— como equivalente contemporáneo.


Las mujeres, en esencia, hemos estado más vinculadas a posiciones contrarias a la guerra. Pero nuestra incorporación plena al mundo laboral también nos ha hecho partícipes de las mismas tensiones: explotación, frustración, sensación de impotencia ante un sistema que nos reduce a piezas intercambiables.
Perderse en la masa es fácil. Lo difícil es mantenerse lúcida ante un mundo cada vez más incierto y peligroso: guerras, crisis climática, desigualdad, polarización. Y actuar, en la medida de lo posible. Porque, nos guste o no, el mundo no se sostiene solo y se nos está yendo a pique.

Cristina Martínez Martín es escritora, profesora jubilada, empresaria y feminista.

Cristina Martínez en Mujeres del Sur:

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