«EL CLUB DE LAS MODERNAS»

SOÑADORAS Y FEMINISTAS: EL LICEUM CLUB DE MADRID
Por Mª Luisa Barrero García

«El club de las modernas» llega a mis manos, en junio de 2026, como regalo de una querida amiga y con una dedicatoria cercana y de sororidad, de esas que transmiten un aura de simpatía sin requerir de la presencia física de la autora, amiga de mi amiga, quien intuyó que su lectura atraparía mi interés.
Este libro, es fruto de la curiosidad, inquietud y exhaustiva investigación que, durante varios años, realizó la autora Eva Cosculluela, zaragozana de nacimiento, periodista cultural, traductora y, en un pasado, librera de Los portadores de sueños, nombre onírico y sugerente. Su investigación se llevó a cabo a partir de libros, algunos de ellos pioneros, en esa tarea de rescatar mujeres valiosas del olvido, de artículos de periódicos y revistas de la época, así como de documentos, diarios y epistolarios de las propias protagonistas. Editado por Seix Barral justo cuando se han cumplido 100 años de la creación del Lyceum Club Femenino (1926), que pusieron en marcha estas “modernas” del siglo pasado, en el que se recoge, de manera clara y brillante, la corta pero intensa vida de este espacio generado por estas mujeres desconocidas.
Algunas de las mujeres que tuvieron gran protagonismo en la creación y vida de este club son hoy conocidas gracias a la labor de rescate y visibilización que, como en este caso, otros autores han realizado. Nombres como los de Clara Campoamor, Zenobia Camprubi, Carmen Conde, Victorina Durán, Concha Espina, Elena Fortún, Matilde Huici, Victoria Kent, Ernestina de Champurci, María Lejárraga, MªTeresa León, Maria de Maeztu, Margarita Nelken, y muchas más (fueron más de 300 socias), formaron parte de este sueño, mujeres que, además, brillaron con luz propia por sus trayectorias y obras.

El libro se distribuye en 9 capítulos que recorren y recogen todo el proceso llevado a cabo desde los inicios del Lyceum, en plena dictadura de Primo de Rivera, pasando por la etapa de la República hasta su desaparición con el estallido de la Guerra Civil en 1936, año en el que se borra el rastro de este espacio singular al que dieron vida estas mujeres singulares. Pero el destino juega malas pasadas; el lugar donde lo creativo, la formación, la cultura, la diversidad y el respeto constituían los pilares de sus tareas se convierte, una vez acabada la guerra se le entrega a la Sección Femenina, en un espacio expoliado, arrasado de todo lo que contenía. Además, para completar la labor borramiento, en 1942 utilizaron ese espacio para alojar el Círculo Medina, un club femenino cuyo objetivo, tan lejano de los sueños de las liceístas, estaba dirigido a enseñar a las mujeres a ser buenas esposas y madres.


En el primer y tercer capítulo, la autora va describiendo de manera detallada los orígenes de este singular club, que surge como filial del ya existente en Londres y otras capitales europeas. Le otorgan el nombre de Lyceum Club Femenino Español, conservando el nombre del originario como una estrategia, entre otras, para hacer frente a las críticas y oposiciones que esta iniciativa iba a despertar en la sociedad española de la época. También se describe en estos capítulos el proceso de preparación, el nacimiento e inauguración del mismo.
En el capítulo segundo se detiene para mostrar la actitud de rechazo de gran parte de la sociedad, así como de una parte de los intelectuales. Los comentarios vertidos cuestionan y critican el sentido y objetivo de este club, así como ponen en tela de juicio las propuestas progresistas que reclaman un cambio de actitud respecto al lugar que debía ocupar la mujer en la sociedad. Estos comentarios no solo eran manifestados por la población masculina, también el sector femenino, con algunas mujeres del ámbito del periodismo, se resistía a un nuevo paradigma, lo que resulta más preocupante. En este capítulo, la autora transcribe una serie de comentarios reaccionarios, que hoy nos resultan altamente chocantes y que calificaríamos de machistas. Varios motivos nos llevan a calificarlos así por el contenido de los mismos. Algunos, según sus autores, basados en evidencias científicas; otros por los análisis que realizan acerca del comportamiento de las mujeres y sus capacidades, dándoles el valor de verdad incuestionable, utilizando la ironía y la humillación para dotarlos de más intensidad; y otros, que los hacen más desconcertantes aún, ya que proceden de hombres de gran formación y cultura quienes mantenían relaciones y fuertes vinculaciones con estas mujeres pioneras, conociendo de cerca sus capacidades y habilidades. Otros, pocos, muestran prudencia y respeto en sus comentarios y plantean, como Ramón y Cajal, que habrá que darles a las mujeres las mismas oportunidades y posibilidades que a los hombres y después se podrá hablar acerca de sus capacidades.

Ellas, las liceístas, no pretendían dar vida a este proyecto con el único fin de reunirse para charlar y “cotillear” tomando té y fumando, como algunos aseguraban. Su motivación abarcaba mucho más y caminaba por senderos más amplios, diversos y progresistas. Quizás esos comentarios, esas críticas lanzadas por sus detractores fueran el resultado de una dificultad para ver más allá de su propio egocentrismo, quizás estuvieran alimentados, entre otras cuestiones, por la envidia y por el miedo a perder su poder y sus privilegios, o a compartir. Los intereses de las liceístas estaban a favor de la cultura, del conocimiento, de la diversidad. Había mujeres con y sin formación universitaria, casadas, solteras, lesbianas, escritoras, pintoras, actrices, extranjeras, españolas, procedentes de distintas clases sociales y de diferentes ideologías políticas, monárquicas y republicanas. Así eran ellas, ellas y sus circunstancias.
Tenían un compromiso con sigo mismas y con las mujeres, querían tener un espacio donde pudieran encontrarse y hablar de sus intereses, pero también querían que fuera un espacio de promoción de la cultura, de formación para que llegara a todas las mujeres procedieran de donde procedieran. Querían promover cambios en una sociedad anquilosada, restrictiva, discriminatoria con las mujeres y con los más desfavorecidos.

Los capítulos quinto, sexto y séptimo narran detalladamente las distintas actividades que el Lyceum puso en marcha. Acciones dirigidas a la atención de personas desfavorecidas, con la creación de una guardería en la que se acogía y atendía a los hijos de mujeres de familias con situaciones de gran precariedad, con hijos desnutridos porque el salario no llegaba para alimentarlos. Fueron sensibles a las necesidades de las personas invidentes, dándoles la posibilidad de disponer de libros, lo que requirió de un gran esfuerzo de las liceístas, que aprendieron a escribir en Brille y transcribieron así un gran número de libros de autores diferentes y formaron una biblioteca en la que la lectura estaba al alcance de sus dedos. Pero no solo de la lectura se vive, también pusieron en marcha un proyecto ambicioso, que no pudo completarse, de trabajo para estas personas. Organizaron cursos para que se formaran como masajistas y ganarse la vida con su trabajo. Siempre generosas y sensibles a las necesidades e innovadoras en las soluciones.
La programación del Lyceum era amplia y variada; presentaciones, lecturas de poesía, conferencias de temas variados, representaciones teatrales, … El Lyceum estaba abierto a la cultura, a la diversidad y también al compromiso social. Un compromiso que presenta un discurso liberal, apoyando iniciativas de cambios progresistas, abriendo espacios para las mujeres, reivindicando el lugar que les corresponde, sus derechos, su voz y su voto en una sociedad de la que forman parte y en la que quieren participar de manera activa e igualitaria con la población masculina.

En el capítulo octavo, muy interesante y emocionante, se habla de los tiempos de cambios. Llega la Republica, nos encontramos en 1931, y dos de las liceístas, Clara Campoamor y Victoria Kent, fueron las primeras diputadas. Cuatrocientos sesenta y ocho diputados, con voz y voto, y dos diputadas, con voz, pero sin voto. Se encarga a una comisión de veintiún diputados, Clara Campoamor entre ellos, que presente una propuesta en la que se recoja los nuevos valores de la República. Momento histórico de gran repercusión que supuso un cambio fundamental en los derechos de las mujeres. Clara Campoamor se enfrenta a los diputados que se oponen a la propuesta del voto femenino. Contra “viento y marea”, con gran inteligencia, destreza, fortaleza, resistencia, tesón y ardor se enfrenta al argumentario, insustancial, banal y carente de contenido en contra de la propuesta del sufragio femenino activo, que despliega el resto de sus compañeros. Esta oposición, en muchos casos, procedía de miembros de partidos que, teóricamente, la defendían.
Termina el libro con un capitulo que se titula, acertadamente, “El final de un sueño”. Sueño del que se despierta, de manera brusca, en una sociedad sumida en una guerra civil en la que los sueños se olvidan, no hay lugar para ellos, solo resta cumplir con lo que queda después de la pérdida de lo conseguido o con el exilio.

Este libro es una celebración, una conmemoración y un homenaje a estas mujeres que decidieron reunirse para encontrarse, compartir y transmitir sus inquietudes culturales y personales, su saber y su valiente e innovadora perspectiva sobre la vida, a pesar de la oposición y dificultades que tuvieron que afrontar por ello. Es un homenaje a sus propias vidas ya que la autora no solo nos habla del Lyceum, sino que indaga en sus biografías, narrando sus historias cuando ha encontrado material para hablarnos de ellas, mostrándonos a cada mujer, a cada persona. Este libro es también una manera de rescatar del olvido a estas mujeres y a la labor que realizaron durante diez años, años en los que su sueño se hizo realidad. Este libro recupera el legado de estas mujeres tantos años silenciado y agradece la herencia que allanó el camino para que otras generaciones consolidaran e hicieran realidad su sueño.
Su lectura es amena, enriquece nuestro conocimiento y nuestra conciencia, nos hace sentir agradecidas, acompañadas, sabiendo que otras estuvieron ahí y dedicaron gran parte de sus energías y vidas a un proyecto que iba más allá de ellas mismas. La gran cantidad de documentación consultada por la autora aporta a esta obra solidez, coherencia y consistencia, convirtiéndola en un libro de consulta imprescindible. Su estilo riguroso y divulgativo y la distribución de sus capítulos hace su lectura interesante, despertando la curiosidad sobre estas mujeres. Nos muestra el contexto social en el que se desenvolvió este proyecto feminista, contexto social, con frecuencia despiadado, en el que estas mujeres tuvieron que navegar sorteando fuertes corrientes, sin dejar de atender y navegar en las propias corrientes personales y en las de sus ámbitos familiares.
Para no dejar sin mencionar a ninguna, por el reconocimiento que todas merecen, al final del libro se expone un censo del Lyceum en el que se encuentran los nombre de todas las que pertenecieron a este club.

La autora estaba, quizás sin ser consciente de ello, destinada a escribir este libro sobre este conjunto de mujeres que tuvieron un sueño que hicieron realidad y les fue arrebatado. Ella también tuvo un sueño, uno llamado Los portadores de sueños, un proyecto de acercar y divulgar la cultura a través del saber que aportan los libros. Los sueños son energía, la energía no se destruye, se transforma, y su estela permanece y se mueve buscando su espacio para expresarse. Los sueños de las “modernas” quedaron interrumpidos y silenciados durante un tiempo, pero no consiguieron ser eliminados. Hoy, gracias a las semillas sembradas por ellas, mujeres y hombres disfrutamos de esos sueños hechos realidad.
Al terminar su lectura, releo la dedicatoria de la autora a una lectora desconocida: “Este ejemplar de El club de las modernas es para M.L de parte de mi querida amiga M.C, con el deseo de que encuentres en estas páginas la fuerza, la inteligencia y la alegría de estas mujeres luminosas”, palabras que remiten al legado que estas mujeres nos dejaron, su energía, su capacidad de soñar y su luz visionaria que han sido capaces de atravesar la barrera del olvido. Eva Cosculluela ha contribuido de manera ejemplar a ello, cada cual que lo haga como pueda, a su manera, compartiendo.
Mª Luisa Barrero es psicóloga clínica
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